Visto y oído

Antonio / Sempere

Mileurista

JESÚS Quintero es un mileurista muy especial. De esos que tienen potestad para cobrar mil euros por una hora de intervención en un foro público, invitado por una institución. Asistí esta semana a una de estas charlas, que ya le escuchado en otros foros y en otras ocasiones. La conferencia, que es siempre la misma, aunque según el día introduzca alguna que otra morcilla, se titula La televisión, una mina saqueada.

En su charla, Quintero se erige en héroe, en paladín de la libertad de expresión, en quijote implicado en hacer mejor un medio dominado por los peseteros. Arremete contra los mercaderes que se han hecho dueños de las televisiones. Contra los políticos que buscan en ella el poder, y contra los directores que sólo miran la cuenta de resultados. Contra los publicistas que venden sus productos.

Jesús Quintero introduce estratégicamente alguno de sus vídeos más agradecidos de programas pasados, donde figuras como el Beni de Cádiz cautivan a la platea. Y el público agradecido aplaude una y otra vez sus gracias. Se percibe, no obstante, entre las teatralidad de la sesión, entre las poses estudiadas y los juegos de palabras certeros, cierto resentimiento por parte de Quintero hacia los nuevos rectores de la televisión pública, los de la censura a la entrevista de García. Y hacia sus compañeros de profesión. "Cuando abandoné el programa, me dejaron solo. Todos callaron. Hasta los de la Academia de la Televisión". Al final de la sesión un espontáneo, micrófono en mano, pregunta a Quintero quién es más ladrón: el que roba un banco o el que lo funda. Y él, que precisamente habla desde la tarima del salón de actos de una entidad de ahorro, y ve sentados en la primera fila a los miembros del consejo de administración, muy astuto, calla. "Piénselo esta noche", da como toda respuesta. Y disuelve la reunión. Sus mil euros ya no se los quita nadie.

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