Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Monstruosidades jurídicas a go-gó

El sainete que se está dando en el fútbol por algunos ropones confirma que Pedro Pacheco fue premonitorio

VAYA alivio el que habrán sentido nuestras autoridades deportivas tras denegar la Justicia alicantina las cintas que demuestran el fraudulento ascenso del Hércules. Esa medida le ha venido de lujo a Consejo, Federación y Liga, pues les ha eximido de hacer lo que habitualmente perpetran, mirar hacia otra parte. Muy dignos han dicho que no es posible entrar a investigar cuando las pruebas no están a su alcance, se fuman un puro y punto. Sólo cabe pedir que en contrapartida no vayan a practicar su juego preferido, el de clausurarle el campo al Betis; en este caso por el mero hecho de haber osado reclamar.

Vale todo en este fútbol nuestro que demuestra a diario que está hecho de un material infungible para sobrevivir a pesar del maltrato que sufre de parte de sus dirigentes. La ocasión era pintiparada para el escarmiento, para que los porteros en adelante se lancen al lado que va el balón y no como hizo el del Córdoba según jactanciosa declaración del máximo accionista del Hércules. ¿Y ese Tote al que cogieron con la mano en la lata diciendo ahora la culpa es de los políticos? Qué desvergüenza de dirigentes y también de esos ropones que no han dudado en enfundarse la camiseta del equipo de su ciudad en perjuicio de la limpieza y de un normal discurrir de las cosas.

Se pierde la credibilidad en dirigentes del fútbol, algo que está perdida desde tiempo inmemorial, y también en la Justicia. Resulta que cuando Pedro Pacheco la calificó de cachondeo, a la Justicia, estábamos ante una premonición que se confirma a diario. Los abogados de Lopera han calificado de monstruosidad jurídica que Gordillo administre las acciones de su defendido en coincidencia con esa otra defensa paralela que es el ministerio público. Monstruosidad jurídica es que Lopera haya dejado al Betis como lo ha dejado y que el juez alicantino haya colgado la toga para embutirse en la blanquiazul camiseta del Hércules. Ésas sí que son monstruosidades jurídicas.

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