Visto y oído

Antonio / Sempere

Monumental

ASISTO en el teatro Monumental a uno de los conciertos de la temporada de la Orquesta y Coro de RTVE. Concretamente a un programa monográfico Bruckner, compuesto por el Tedeum y la Sinfonía nº 7. Trato de mirar todo aquello con relatividad, y no salgo de mi asombro. Que todo ese despliegue tenga tan limitados destinatarios es algo que clama y seguirá clamando al cielo.

Las cámaras graban la sesión, que en breve será emitida a las ocho de la mañana de un sábado de éstos. Sin anuncios ni promociones previas. Ya ni siquiera está el boletín de Radio Clásica que indicaba con antelación estos conciertos. Un disparate tan monumental como el nombre del teatro arrendado.

El escenario, tras su ampliación para acoger a todos los miembros, es tan grande como el espacio destinado a patio de butacas. Como en cualquier espectáculo, hay espectadores que van a escuchar la música. Otros a dejarse ver, a saludar, a pasar la tarde porque la entrada les ha salido gratis y así lo explican a sus compañeros de asiento. En total no llegan al millar.

Me choca asistir a un concierto de la Orquesta y Coro de RTVE en los tiempos que corren. Su propia existencia es un milagro. Veo el logo plateado de la corporación presidiendo el escenario, y me pregunto qué hacen esas siglas en un sitio como ése. Todo aquello más parece fruto de una burocracia trasnochada que de un verdadero servicio público. De una herencia a la que algún directivo con criterios empresariales no le importaría guillotinar. El local, de la empresa Colsada, ha permanecido cerrado por un desprendimiento en el techo, todo un síntoma. Y es que todo en él remite a esa época setentera superada. Las fotos de Raphael con el empresario así lo atestiguan. Pero la música clásica está muy por encima de estas coyunturas. O debería estarlo. Monumental fiasco.

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