Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

Muñegotes

LA envidia es una declaración de inferioridad". La frase se le atribuye al genocida, sobrevalorado por los suyos, Napoleón Bonaparte. Hace 200 años, a las puertas de nuestra mayor crisis como reino y cuando empezábamos a cambiar hacia un país moderno, le dábamos para el pelo a las tropas napoleónicas. Los franceses se nos colaron por aquí a lo Merkel, para tutelarnos con el presunto fin de protegernos de nosotros mismos, y acabaron como brazo armado de la filosofía de rapiña de la que los galos han hecho gala durante siglos.

Son nuestros queridos vecinos del piso de arriba, siempre engreídos, con sus ínfulas, y sus resquemores pirenaicos. Nos han sometido en unas cuantas ocasiones y toleran mal que remontemos. Nos sienten como competencia directa ante el resto del planeta. Y silencian o menosprecian los logros españoles en el deporte, vertiente que añade valor a nuestra marca en lo cultural y en lo industrial: en terrenos donde de verdad a los franceses les duele que les pisemos los callos, como la moda, la gastronomía o el turismo.

Los desafortunados sketches de los guiñoles del Canal + galo no son una sorpresa. Son la retransmisión de lo que late en el subconsciente de los medios de comunicación franceses y de lo que late en el sentimiento del patrioterismo francés: pura envidia napoleónica sobre quienes han creído inferiores. Se ríen sin disimulos de nuestros fracasos; pero sonríen por los colmillos ante nuestros éxitos. Estos sketches tan forzados, de un humor tan mezquino, nos han traído a la memoria los guiñoles de nuestro Canal +, tan malajes cuando se ponían al servicio editorial de la casa. Aquellos muñegotes que terminaron muriendo en Cuatro tuvieron momentos brillantes, pero también abochornaban cuando eran el martillo de goma de la cúpula de Prisa. En Francia parecen la voz alta de los pensamientos colectivos.

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