Visto y oído

Antonio Sempere

'La Noria'

DICEN que, cuando marchan de La Noria, Miguel Angel Rodríguez y María Antonia Iglesias salen por puertas separadas para no coincidir. Es muy posible que esto sea cierto. Y es más que probable que lo que vemos y escuchamos en pantalla los sábados por la noche no obedezca a ningún guión ni a ninguna pose. Que surja así porque los contertulios en cuestión obren de ese modo por un impulso natural.

Que sea debido precisamente a un acuerdo tácito, no firmado, pero prevalente en el reino de la televisión de hoy en día. El aserto está claro. Tanta audiencia tienes, tanto vales. Tanta gente de ve, tanto cotizas. Tanta polémica generas, tanto tienes asegurado tu futuro inmediato en el programa de turno.

La cadena de los excesos, Telecinco, que tantas veces traspasa con creces los límites de la ética y de la estética, juega muy bien sus bazas. En los tiempos de Crónicas marcianas, el mayor suceso televisivo de la década de los noventa, tuvimos buenas muestras de ello. Cuando Javier Sardá llegó a sacar alguna que otra tarjeta roja a algún tertuliano díscolo o faltón, para después, previo arrepentimiento, volverle a acoger en el redil. Moros y cristianos, otro de los programas fundacionales del canal privado, dio numerosas muestras de cómo es posible jugar con fuego y no quemarse en el intento.

Al final de lo que se trata es de jugar hasta el límite. Jugar todo lo que haga falta. Lo que no mata, engorda, también en las cuentas de resultados de las cadenas televisivas. Y de esto sabe mucho, muchísimo, Telecinco. A la que se le ha hecho callo.

La Noria nos volverá a embaucar este fin de semana, esta misma noche, con el reencuentro de dos de sus colaboradores. Que podrán pasar página. Como si nada hubiese ocurrido. O echar más leña al fuego. Varios millones de testigos no perderán detalle.

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