La tribuna

Carlos María López Espadafor / Profesor Titular De Derecho Financiero Y Tributario / De La Universidad De Jaén

Nuclear 'versus' petróleo

Una de las grandes dudas que planea sobre la sociedad es la del panorama energético que debe presidir nuestro futuro. La Unión Europea no deja de proponer un incremento de la carga fiscal sobre los carburantes derivados del petróleo. No es justo, de un lado, cebarse fiscalmente cada vez más sobre los carburantes desde el argumento de las emisiones de CO2, cuando éstas, por ejemplo, se aumentan desde otra perspectiva en la política energética cerrando centrales nucleares. Éstas no tienen prácticamente emisiones en comparación con las centrales térmicas, y máxime cuando no se tiene todavía en funcionamiento un entramado de energía eólica y solar que pueda producir la misma energía que una central nuclear, compensando su cierre y no derivándolo a un incremento de producción de las centrales térmicas, con las consiguientes mayores emisiones de CO2, o a una mayor importación de electricidad -quién sabe si (seguramente) con un origen nuclear en otro Estado- que incremente nuestra dependencia económica del exterior.

Dejando la Unión Europea a cada Estado miembro la opción de utilizar o no la energía nuclear, lo que sí se recomienda desde aquélla es que, si a algún Estado como al nuestro se le ocurre cerrar centrales nucleares, no se prescinda de las existentes hasta que un incremento de las energías renovables o no contaminantes haga que éstas realmente puedan asumir la reducción de la producción de energía nuclear. Este proceso en la práctica es muy lento, no habiéndose conseguido aún.

Los que no somos ingenieros ni físicos nos encontramos con una prensa científica y técnica desde esos ámbitos en la que, de una forma prácticamente unánime, se nos habla cada vez más de la energía nuclear como la más barata y que no tiene prácticamente emisiones de CO2, además de presentarla cada vez como más segura, tanto en su funcionamiento como en el depósito de sus residuos. Piénsese que en nuestro entorno los reactores nucleares que se utilizan en la producción de energía son distintos de algún otro que produjese problemas en la antigua Europa del Este, con el desastre que no es necesario recordar; se trataba allí de reactores de otras características, a veces utilizados también para la fabricación de armamento nuclear. No es el caso de España.

Además, en el contexto europeo, España está en un nivel muy bajo de producción de energía nuclear en comparación con otros Estados de mayor tradición medioambiental y ecológica que el nuestro. Es más, si pensamos en términos de seguridad, al otro lado de la frontera pirenaica nos encontramos con que nuestro Estado vecino está extraordinariamente por encima del nuestro en número de centrales nucleares. Frente a esto, aquí se piensa en reducirlas. Y todo ello presidido por un panorama medioambiental de necesidad de limitar las emisiones de CO2 y un panorama económico de incremento del precio del petróleo, de mayor dependencia energética y económica del exterior, de mayor inflación y de mayor crisis económica.

El petróleo sólo se debería usar para aquello que no puede conseguirse de otra manera, aunque desgraciadamente en ocasiones por ahora esa manera sea la nuclear.

Por mucho que se cargue con impuestos el consumo de carburantes derivados del petróleo intentando que se reduzca su consumo, los años han demostrado la ineficacia de tal medida impositiva. En un país montañoso y rural como el nuestro, con amplias zonas con un transporte público sumamente escaso y deficiente, sería una falta de respeto a los habitantes de ciertos lugares pedirles que no utilicen vehículos particulares. No pongamos al mismo nivel quien habita en el centro de una gran ciudad y quien vive en la España más rural.

Habíamos entrado en una etapa en la que, ante la opinión pública, se había ido forjando un panorama de seguridad y necesidad en relación a la energía nuclear, no sólo desde firmas conservadoras, sino también desde ciertas firmas progresistas. Pero ha venido "lo" de Ascó, al parecer, más presidido por el ocultismo que por el riesgo constatado, según el Consejo de Seguridad Nuclear. Ahora bien, la duda sería el determinar si las emisiones de CO2 que se habrían dado produciendo en una central térmica la energía eléctrica que emana de Ascó o de otras centrales nucleares no supondrían un mayor perjuicio que el riesgo real que pueda suponer la energía nuclear en nuestro territorio, hasta que las energías limpias puedan sustituir a las sucias.

No me agrada dejarle a mis hijos ni emisiones de CO2 ni residuos nucleares. Pero la dependencia energética y económica del exterior, la etapa de crisis, el petróleo batiendo récords y la Comisión de la Unión Europea proponiendo inoportunamente elevar los impuestos sobre los carburantes, sitúan ante nuestros dirigentes la necesidad de un pacto de Estado que prácticamente no suele proponerse: el de la energía.

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