PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

De Obama no aprenden

LA distancia entre los aeropuertos de Amsterdam y Detroit, o la que separa al Yemen del cuartel general de la CIA en Langley, Virginia, son tan grandes como inabarcable la cantidad de personas interpuestas entre el yuppy nigeriano que quería inmolarse en avión matando a todo el pasaje y el presidente de los Estados Unidos de América como jefe máximo de la seguridad nacional. Sin embargo, Obama, lejos de escudarse en que lleva menos de un año al frente de la Casa Blanca, asume la responsabilidad de la cadena de fallos que permitieron a ese miembro de Al Qaeda volar con explosivos en un avión norteamericano. Y ni él mira un escáner en el aeropuerto de Schiphol ni rastrea en un ordenador de Londres, Lagos o Nueva York quién es y dónde está ese terrorista suicida delatado por su propio padre.

Qué lejos estamos de esa gallardía democrática de dar la cara. En España, en Andalucía, en Sevilla, las presuntas derechas e izquierdas siempre se sacuden las culpas y las responsabilidades, ya sean casos de mala gestión, de uso indebido de los cargos, de transfuguismo, de ineficacia, negligencia o sectarismo. Por muy ridícula que sea la coartada dialéctica, incluso tienen el desahogo de exculparse diciendo que ellos no controlan a sus subordinados.

Querríamos verlos asumiendo el código Obama en la ruina de Tussam o en la iluminación que bloquea a una cabalgata. En la sustracción de la cubierta de la Copa Davis o en el semáforo que no se repara y da pie a un atropello. En los pufos de Mercasevilla o en la incapacidad para cobrar las multas. En los despidos improcedentes o en los incumplimientos eternos. Qué lejos estamos de Obama.

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