LAS EMPINADAS CUESTAS

Amparo Rubiales

Pactar por Andalucía

TERMINADAS las primeras elecciones en dos de los territorios históricos con los resultados que la ciudadanía ha decidido, ahora queda la madre de todas las batallas, esas elecciones catalanas, convocadas después de una masiva manifestación que aglutinó muy diversos deseos: la desesperación de la ciudadanía por la situación económico-social y un legítimo sentimiento identitario. Pasadas aquellas elecciones, que han atenuado, mediáticamente al menos, la terrible tragedia cotidiana de millones de españoles/as, ahora vuelve a primer plano la crisis, ese rescate que no sabemos cuándo llegará, esa prima de riesgo que sube y baja, y, lo que es más grave, el incremento del paro y los recortes en derechos sociales e individuales, que hay que evitar urgentemente.

Resaltando, pues, que la prioridad no puede ser otra que la salida de la crisis sin más recortes, hay también que pensar qué pasa con Andalucía. Existe un proyecto, más serio de lo que muchos sospechan, para acabar con las CCAA y volver a esa España deseada al inicio de la transición democrática, en la que sólo tendrían autonomía "los territorios que en el pasado hubiesen plebiscitado afirmativamente proyectos de estatutos" (disposición transitoria segunda Constitución; o sea, Cataluña, País Vasco y Galicia). Andalucía, utilizando el art. 151 del texto constitucional rompió esa idea, en un proceso que culminó en el referéndum de aquel 28 de febrero de 1980, que generalizó lo que se denominó, despectivamente, "café para todos"; solución buena para España y aún más para Andalucía; si la crisis nos coge con la situación económica y social de entonces, hoy estaríamos con los países más subdesarrollados del norte de África, pero somos Europa, en crisis, sí, pero con realidades en educación, salud, infraestructuras que no tienen ni en la desarrollada Alemania, con unos länder más endeudados que nuestras CCAA.

Somos una comunidad histórica, que conoce a dónde quiere ir; no dispuesta a retroceder treinta años en lo conseguido y que se sabe con derecho a que no se la discrimine. Nuestra extensión, población, cultura e historia nos avalan. Una forma de resolver el problema es completando el Estado autonómico en lo que ya casi es: un Estado federal, en una Europa federal. Hay que recuperar ese consenso constitucional que nos sirvió para disfrutar de los mejores años de nuestra historia; ahora toca al pueblo andaluz recordar que aquí seguimos; ni más que nadie, pero tampoco menos; la solución es pactar por Andalucía: partidos, sindicatos, empresarios, intelectuales, estudiantes, hombres y mujeres, en pie de paz. Pactar por Andalucía es hacerlo por España.

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