La tribuna

Manuel Clavero Arévalo

Participación y abstención

ESTAMOS en plena campaña de las elecciones generales y al Parlamento de Andalucía y la cuestión de la participación y de la abstención preocupa a la ciudadanía y a los políticos, ciertamente más en las elecciones generales que en las andaluzas. Hay países en los que participar en las elecciones es una obligación cuyo incumplimiento se sanciona, mientras que en otros, como en España, el participar es un derecho, sin que la abstención sea castigada. Precisamente por ello la mayor o menor participación en las elecciones tiene una lectura política que no se da en los países en los que votar es una obligación.

La abstención y el voto en blanco tienen una interpretación distinta, aunque a veces se hayan recomendado las dos, es decir, abstenerse o votar en blanco, porque la abstención supone por lo general una crítica al sistema y el voto en blanco, por el contrario, supone una conformidad con el sistema, pero un rechazo o disconformidad con los partidos políticos que pretenden gobernar. Por eso se interpreta que una alta abstención implica una debilidad de la democracia, un desinterés de los ciudadanos por el régimen político. Sin embargo, hay que matizar, porque quien predica la abstención puede hacerlo porque perjudica a un partido y beneficia a otro y se cuenta con la pereza de algunos electores, que prefieren abstenerse a ir a votar

La abstención, por lo general, es mayor en los referéndums que en las elecciones y por ello se ha pedido la abstención por algunos partidos, en el País Vasco cuando el referéndum de la Constitución y también en el referéndum de ingreso de España en la OTAN, pero en ambos casos el voto afirmativo fue superior al negativo. Caso especial fue el referéndum del 28 de febrero de 1980 en el que Andalucía aspiraba a conquistar la más amplia autonomía regulada en la Constitución. Los abstencionistas lo tenían fácil porque el voto afirmativo no bastaba que fuera superior al negativo, sino que tenía que ser superior al 50 por ciento del censo de cada provincia. Aun así fracasaron los que pidieron la abstención o el voto en blanco.

La más alta participación en las elecciones generales fue la habida en las elecciones de octubre de 1982, en las que ganó el PSOE por mayoría absoluta, con un porcentaje de participación del 79,97%, seguida por las de junio de 1977, en las que triunfó UCD por mayoría relativa, con un porcentaje del 78,83%. Refiriéndonos a las últimas elecciones generales tenemos que en las celebradas en marzo de 1996, en las que ganó el PP por mayoría relativa, el porcentaje de participación fue del 77,38%; en las de marzo de 2000, en las que ganó también el PP, ahora por mayoría absoluta, el porcentaje de participación fue sólo de un 68,71% y en las últimas celebradas en marzo de 2004, en las que ganó el PSOE por mayoría relativa, el porcentaje de participación fue del 75,66%. Si tenemos en cuenta todas las elecciones generales, las de menor participación fueron las celebradas en marzo de 1979, que las ganó UCD por mayoría relativa, con una participación del 68,04%, seguidas por las de marzo de 2000, que las ganó el PP por mayoría absoluta, con un porcentaje de participación el 68,71%. Por contra, las de mayor participación fueron las de octubre de 1982 que las ganó el PSOE por mayoría absoluta, con un porcentaje de participación del 79,97%, seguida por las celebradas en junio de 1977, las primeras de la democracia, que las ganó UCD por mayoría relativa, con una participación del 78,83%.

De los datos estadísticos se deduce que la elevada participación favorece al PSOE, por lo que se explica la intensa movilización del electorado que está realizando en la actual campaña electoral en la que los medios de información anuncian que el voto por correo ha aumentado un 10% respecto a las elecciones generales de marzo de 2004. En éstas, ante el atentado islamista, ante las multitudinarias manifestaciones del día siguiente y ante las concentraciones convocadas en las sedes del PP en muchas ciudades de España en la jornada de reflexión, muchos creyeron que se batiría el récord de participación y que el PSOE ganaría por mayoría absoluta. No fue así, ya que ganó por mayoría relativa y la participación, que fue del 75,66%, no superó los porcentajes de las elecciones de 1977 y 1982, en las que fueron del 78,83% y del 79,97%, respectivamente.

En las próximas elecciones se vaticina un aumento de la participación, en base al aumento del voto por correo, en la relativa igualdad del PSOE y del PP en las encuestas, en la tensión y dramatización en la campaña electoral que beneficia a Rodríguez Zapatero, como reconoció cuando el micrófono estaba abierto, y también por los debates electorales que han sido seguidos por millones de españoles, cuando hace quince años que no se celebraban.

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