Editorial

Pérdidas turísticas por el caos aéreo

LAS consecuencias económicas del conflicto entre los controladores aéreos y el Gobierno que ha dejado sin poder viajar a más de 600.000 personas durante el periodo vacacional más importante del año -si excluimos los meses estivales- empiezan a aflorar a medida que los aeropuertos nacionales van volviendo poco a poco a la normalidad. Las primeras estimaciones del sector turístico, todavía genéricas, vinieron ayer a situar las pérdidas en una amplia horquilla que iría desde los 250 a los 500 millones de euros. Esta cifra no incluiría las reservas y trayectos con destino fuera de España -la mayor parte de los desplazamientos aéreos afectados-, lo que induce a pensar que el quebranto real será bastante superior, hasta el punto de poder situarse cerca de los 1.000 millones de euros. A la espera de contar con un estudio más concreto, lo que es evidente es que el daño producido por la huelga salvaje de los vigilantes de los aeropuertos ha destrozado las expectativas de hoteleros y hosteleros, incluidos los sevillanos, que confiaban en el puente de la Inmaculada para atenuar su difícil situación económica. La patronal de los hoteles de Sevilla cifró ayer en un 30% el número de reservas anuladas desde el inicio del conflicto aéreo. Las cancelaciones, producidas a raíz de la imposibilidad material de volar a la ciudad, no han podido además recuperarse porque, con independencia del cierre del espacio aéreo, el mal tiempo ha hecho escasamente atractivo el esfuerzo de buscar transportes alternativos al avión. Sevilla, igual que buena parte de los destinos vacacionales de fin de semana, ha salido bastante perjudicada en términos tanto de imagen como de ingresos turísticos. El AVE, a pesar de su excelente funcionamiento, todavía no es capaz de compensar la dependencia del aeropuerto, por donde todavía llegan la mayoría de nuestros visitantes. Sería conveniente estudiar, igual que va a hacer el Gobierno de Canarias, las opciones legales existentes para reclamar una parte de estas pérdidas a los únicos causantes del conflicto: los controladores.

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