Tiempos modernos

Bernardo Díaz Nosty

Plagien al alemán

NO ha dimitido por haber aceptado de regalo un todoterreno de militar, o cuatro trajes de civil de la sastrería del Ejército, o una colección de soldados de plomo... El ministro alemán de Defensa, Karl Guttenberg, lo ha hecho al descubrirse que una quinta parte de su tesis doctoral era fruto del plagio. Está bien que los ministros sean doctores y, mejor aún, que sepan dimitir. Virtudes que, entre nuestros políticos, no figuran ni en el orden de sus inquietudes intelectuales ni en el de sus prácticas éticas.

Es frecuente la piratería de la propiedad intelectual y se extiende la creencia de que las ideas no tienen dueño. La permeabilidad de la red permite al lego vestirse con el traje de sabio. En el ámbito universitario se da el caso del ascenso de los mediocres con la sangre académica de sus mayores y el pulmón de sus subordinados, a los que premian con el tráfico de influencias en tribunales, comisiones, proyectos… Humberto Maturana, reciente honoris causa por la Universidad de Málaga, sufrió el atraco intelectual de un pupilo de Harvard y, tiempo después, siendo este último prestigioso docente de La Sorbona, al ser preguntado si era discípulo del chileno, contesto: "Por favor, no me insulte…"

Hay que suponer que si en la tesis del alemán hay un 20% de plagio, el resto será suyo, y es bastante para los tiempos que corren… En lo sucesivo, los tribunales deberán hacer calas en los textos y someterlos a la prueba de Google. Seguramente descubrirán que la denostada Wikipedia ya aporta ese 20% a muchos de los trabajos, y es probable que averigüen otras realidades más amargas.

Hace años, una profesora, que había recurrido a un alumno para que le escribiera la tesis fue descubierta por no pagar lo acordado por el delito y tratar de hacerlo en especie, con una lavadora… Sus colegas la arroparon y afearon la denuncia del estudiante. El director del departamento, que gastaba los dineros en viajes de placer porque, según decía, le amparaba la libertad de cátedra y él era el catedrático, tampoco fue el mejor ejemplo. Publicó un libro donde copiaba páginas enteras de un colega de su misma Facultad. La noticia llegó a la prensa, pero todo quedó en una llamada del plagiador al plagiado: "Manolo, disculpa, ya sabes cómo son los alumnos, hacen trabajos y no citan…". Nuestro prolífico académico escribía un libro al año con los ejercicios de sus estudiantes…

El ejemplo del ministro alemán resulta gratificante. Renunciar a un Ministerio, cuando hay gente que mata por un carguito de mierda en provincias… Plagien, sí. Aprendan a dimitir quienes se aferran con indignidad a los cargos públicos que han denigrado.

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