El mordisco en la manzana

Aurora Muñoz / Amunozl@grupojoly.com

Pobres niños ricos

Si de niña me hubiesen preguntado que quería ser de mayor, estoy segura que no habría elegido ser astronauta, ni ingeniera industrial o alguna otra profesión de esas en las que se lleva bata blanca, que visten mucho. No, yo habría dicho: "Mamá, quiero ser como Marisol". Y como yo, las mujeres de dos generaciones, que han crecido al son de sus canciones en Rumbo a Río y Un Rayo de Sol.

Sin embargo, con la escasa veteranía que dan mis 24 años, ya no le envidio la suerte a Pepa Flores... Ni a muchos de los que encabezan la lista de 'pobres niños ricos' donde se encuentran Joselito y Kiko Rivera.

Todos tienen en común la misma losa: Haber alcanzado la fama a edades tempranas. Algunos la heredaron por su apellido ilustre, que los catapultó a las portadas desde la cuna, mientras que otros se convirtieron pronto en 'niños prodigio' que generaban a sus padres beneficios inimaginables.

Si esto fuese un cuento de hadas, su historia prometería una vida de color de rosa, sin penas. Pero en los últimos tiempos, ese es un color que no ha hecho más que degenerar en el mundo real.

Marisol le negó la felicidad a Pepa Flores. Al menos, hasta que ella decidió matar a su personaje. La actriz, que hace poco cumplió medio siglo, lleva una década alejada de la esfera pública y su presión mediática. Sólo ahora se atreve a recordar a aquella niña rubita a la que llevaban de visita al Pardo y obligaban a vendarse el pecho para que el filón nunca se agotase.

Joselito es otro ídolo caído. En 1956, triunfó con El pequeño ruiseñor, pero su carrera se hundió a finales de los sesenta. De vuelta a España, tras ser mercenario en Angola, se mezcló en asuntos de drogas y prostitución. Las últimas noticias lo sitúan abrazando la religión evangélica y de regreso de su aventura 'superviviente'.

De Kiko, no quisiera hablar. Bastante tiene con lo que le ha de llegar entre 'malayos' y strippers.

Más vale haber sido una de esas niñas "que en la posguerra comían pan con aceite" -como decía Concha Velasco- y dejar atrás los tristes prodigios de la infancia del artisteo.

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