En tránsito

Eduardo Jordá

Póngase el sombrero

EL poeta polaco Zbigniew Herbert decía en una entrevista, poco antes de morir, que cuando los soldados soviéticos llegaron a Polonia, en 1945, muchos polacos los recibieron con los brazos abiertos, pensando que lo único que necesitarían hacer con aquellos brutos semisalvajes, para civilizarlos un poco, sería ponerles un sombrero. Al poco tiempo, los polacos se dieron cuenta de que las cabezas soviéticas se adaptaban muy mal a los sombreros, aparte de que no había sombreros suficientes en todo el país. Pero ya era demasiado tarde: los soviéticos habían empezado a encarcelar y a fusilar a todos los que se oponían al nuevo régimen comunista.

Aunque parezca extraño, la actitud de los polacos de 1944 con respecto a los soldados soviéticos no ha desaparecido del todo ni ha cambiado tanto. Porque mucha gente, hoy en día, cree que los enemigos de los Estados Unidos, o cualquiera que tenga una confusa aunque belicosa ideología anticapitalista o anti-occidental, son personas tal vez toscas y un tanto primitivas, pero a las que en el fondo se podría civilizar poniéndoles un sombrero (o un coche oficial, si hubiera que recurrir a métodos más expeditivos). Y en este sentido, muchos se alegran del zapatazo del periodista iraquí contra George Bush. Nunca me ha caído bien Bush ni me ha gustado su política, y creo además que los poderosos necesitan darse cuenta de que viven en un mundo que no es como sus asesores (es decir, sus aduladores) les hacen creer que es. Pero nada de eso me lleva a pensar que el periodista del zapatazo sea un héroe, porque es muy probable que nos horrorizase saber lo que este periodista opina sobre la homosexualidad o los derechos de la mujer o la pena de muerte. La idea de invadir Iraq fue una estupidez de proporciones inconmensurables. Pero no toda la culpa de lo que pasa allí es de Bush, por muy bruto -e incompetente- que haya demostrado ser.

Si lo pensamos bien, ya no se puede hablar con propiedad de izquierda ni de derecha, ya que ningún juicio de valor puede ser útil si no prescinde de las abstracciones que ya nada significan (solidaridad, progresismo, antifascismo, prosperidad, libre mercado) y las sustituye por conceptos que tengan un contenido moral. Bueno y malo, generoso o mezquino, sensato o insensato, útil o inútil, inteligente o idiota, claro u oscuro: he aquí unos cuantos conceptos básicos que convendría tener en cuenta a la hora de juzgar lo que ocurre. Si yo fuera el periodista iraquí, en vez de haberle tirado un zapato a George Bush mientras le llamaba perro, me habría presentado en la rueda de prensa con un sombrero puesto. Y llegado el caso, habría intentado ponérselo. Si le encajaba en la cabeza, claro está.

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