Crónicas levantiscas

Juan Manuel Marqués Perales

Primavera española

LA nueva política ha durado cuatro meses, como las primaveras, incluida la árabe. La gran oportunidad para imprimir un giro copernicano a la vida pública española se ha perdido en llamadas de teléfono, comunicados en Twitter y regalitos con segundas. Tres partidos, PSOE, Ciudadanos y Podemos, podían haber gobernado con una única agenda destinada a la regeneración que habría contagiado por supervivencia al PP. Explosiones por simpatía. Pero Pablo Iglesias se inventó el trágala del derecho a la autodeterminación y salió de debajo de la capa de Harry Potter para mostrarse como un Peter Pan con garfio; al menos eso ha tenido de positivo este período, que ya sabemos del matonismo del líder que ha secuestrado Podemos con sus traumas, sus fobias y sus charlotadas. Detrás de la indignación de las plazas, acechaba el totalitarismo, qué primavera. El mapa electoral queda así: un partido conservador a la derecha; uno de centro liberal como bisagra; el tradicional socialdemócrata, y la nueva Izquierda Unida, con Julio Anguita como pecio ideológico y Pablo Iglesias de ejecutor. Los socialistas tiemblan ante la posibilidad de que Podemos-IU los adelante: si lo hace, será debido a su empecinado líder, porque el electorado español no tiene una masa tan poderosa a su izquierda, esto sigue teniendo forma de campana de Gauss.

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