En tránsito

Eduardo Jordá

Radio Exterior

HACE ahora veinticinco años, en una misión de Burundi, uno de los misioneros españoles miró el reloj y exclamó: "Es la hora de las noticias". Y entonces empezó a sintonizar los mandos de un enorme aparato de radiotransmisión hasta que dio con la emisora que buscaba. Era Radio Exterior de España. "Sólo escuchan esta emisora los misioneros y los marinos que están en alta mar", me explicó el misionero. Aquel día, la noticia era la dimisión de un político que hoy no debe de recordar nadie, Robles Piquer. Ignoro qué cargo tenía Robles Piquer en el verano de 1982, pero no me extrañaría que fuera el director general de RTVE. Es decir, el responsable de aquella Radio Exterior que sólo escuchaban los misioneros y los marinos que estaban en alta mar, quizá en un extraño momento de calma en medio de dos tempestades.

La otra tarde, yo mismo estaba en una de las peceras de Radio Exterior de España, grabando un programa que sólo escucharían los pescadores y los misioneros, si es que todavía quedan misioneros. Un locutor me hacía preguntas, y de vez en cuando daba paso a un fondo de música de Burundi que había encontrado en los inmensos archivos de RNE. Cuando sonaron los cánticos de una danza de mujeres, me acordé de aquel misionero que me había llevado a un poblado pigmeo donde las mujeres también cantaban de aquella manera, con una voz que parecía surgir de un humus hecho de hojas muertas y de tierra roja y de pasión humana, y que después, al regresar a la misión, había sintonizado Radio Exterior de España para oír la noticia de la dimisión de Robles Piquer, aquel político al que ahora nadie sabría ponerle un rostro.

La vida, como las buenas novelas, suele incurrir en las leyes de la simetría. Y así, quien escuchó una noticia en una radio cuando era joven y estaba de paso en una lejana misión africana, tuvo que recorrer media vida para charlar desde esa misma emisora de radio cuando ya había dejado de ser joven. Y yo iba pensando en estas cosas hasta que se terminó la entrevista y salí del estudio, y el locutor me contó que la dirección de RTVE está a punto de jubilar a todos los empleados que tengan más de cincuenta años para sustituirlos por jóvenes recién salidos de la Universidad. "Los mayores ya no interesamos. Estamos acostumbrados a trabajar de otro modo. La dirección prefiere gente joven que no entre en profundidad en las cosas: informaciones rápidas, mucha actualidad, nada de reflexión ni de entrevistas, eso buscan". "¿A ti también te echan?", le pregunté al locutor. "Claro que sí", contestó, y se encogió de hombros. Al despedirnos, me pregunté quién sería ahora el director de RTVE. No conseguí recordar su nombre, aunque tampoco tenía mucha importancia. Sin duda, sería otro Robles Piquer.

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