La ciudad y los días

carlos / colón

Ratas y redes

SOBRADO de razón está el ministro del Interior al ordenar a la Policía que investigue los mensajes que se lanzaron el lunes en las redes sociales, sobre todo en Twitter, aplaudiendo el asesinato de Isabel Carrasco. "Hay que limpiar las redes de indeseables que hacen apología del delito y del odio", ha dicho. Y es que la tormenta de odio y de enaltecimiento del asesinato que se desató la tarde del lunes fue repugnante, sobrecogedora y preocupante.

Hubo informaciones sesgadas y sectarias que parecían tan interesadas en criticar a la política asesinada, cuando aún su cuerpo estaba tendido en el puente, como en condenar su asesinato. Pero afortunadamente estos medios tienen cabeceras y sus profesionales tienen nombres, por lo que responden ante sus espectadores o lectores. Hubo una política que tuvo una reacción miserable -Susana Camiño- y otro -Pablo Iglesias- que hizo uso de su habitual agresividad demagógica. Pero como expresaron su miseria moral y su agresiva demagogia con sus nombres, la primera ha dimitido y el segundo deberá responder por sus palabras ante las urnas el próximo día 25. Si le votan ya saben, si es que no lo sabían, a quién están votando.

El problema de las redes sociales, como es bien sabido, reside en el anonimato. Todo puede escribirse y difundirse sin temer consecuencias. Malas bestias sin conciencia, que además son unos cobardes que se amparan en el anonimato, escribieron: "Isabel Carrasco tiene merecidas todas las balas", "Una corrupta menos. Isabel Carrasco abatida a tiros. Piun. Piun", "Yo que soy de la provincia de León me alegro un montón. Llamadme hijo de puta o lo que queráis, pero me voy a tomar unas cañas", "Los ciudadanos no consiguieron que Isabel Carrasco se pudriera en la cárcel, pero les queda el consuelo de que ya se está pudriendo en sí", "La que mató a Isabel Carrasco podría haber aprovechado mejor las balas y haber entrado en el Congreso directamente", "Jódete que te an (sic) pegado 4 tiros hoy ardas en el infierno puta zorra"… Estos y otros muchos mensajes no son una anécdota. Son el síntoma de una grave enfermedad social. Más extendida de lo que nadie está dispuesto a admitir. Es difícil luchar contra esto, pero no imposible. Hay instrumentos legales y es necesario dotarse de otros. Sin miedo a que se denuncie como un atentado contra la libertad de expresión. Celebrar un asesinato nada tiene que ver con las libertades democráticas.

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