la esquina

José Aguilar

Reforma aclamada

NO tengo criterio sobre la utilidad de la reforma financiera aprobada por el Gobierno ni me atrevo a suscribir, ni a rechazar, su optimismo sobre los efectos benéficos que producirá en el saneamiento de las entidades, la bajada del precio de los pisos y la vuelta del crédito a empresas y familias. El tiempo dirá.

En cambio sí parece un acierto la limitación de sueldos impuesta a los presidentes y altos directivos de aquellas cajas de ahorros y bancos que han recibido fondos públicos para ponerse al día y curarse sus adiposidades y riesgos. Esta medida habrá disgustado, seguro, a Rodrigo Rato, el presidente de Bankia y ex del FMI, que pasará de cobrar 2,3 millones de euros anuales a los 600.000 en que se ha fijado el tope máximo, y a unos cuantos financieros más, ubicados en situación parecida.

Es curioso que el Gobierno Zapatero, embarcado en una retórica anticapitalista y antibancos que creció conforme se acercaban las elecciones pasadas, nunca pasó a los hechos en esta materia a pesar de las directivas de la Unión Europea acerca de los excesos salariales de los banqueros, y ha tenido que ser un gobierno conservador el que acometa la labor de poner freno a las jugosas remuneraciones de los directivos del sector financiero. Se confirma una vez más que lo importante en política no es lo que se dice sino lo que se hace y que la coherencia no es virtud privativa de ninguna sigla ni ninguna trayectoria.

No hacen falta encuestas para conocer que esta reforma merece la aclamación de la opinión pública. En los últimos años de reducción de las remuneraciones de los funcionarios, congelación de las pensiones y pactos de moderación salarial asumida por los sindicatos ha triunfado la demanda unánime de que el ajuste llegara también a los ejecutivos financieros a los que la crisis parecía no afectar. Era una demanda sustentada en sólidos argumentos como norma general, pero realmente irrefutable si se trataba de los altos gestores de bancos y cajas que se han beneficiado de ayudas del Estado, y más aún si nos referimos a gestores que han llevado a sus entidades a necesitar dichas ayudas o incluso a ser intervenidas para salvarse de la ruina.

Ejemplo al canto: Bankia fue ayudada por el famoso FROB (Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria) con 4.465 millones de euros, un préstamo que le hicimos todos los españoles para que sobreviviera. Con estas cantidades ya no parece tan excesivo que la retribución fija del presidente Rato sufra una merma del 76%, sobre todo teniendo en cuenta que el 24% que le queda significa 600.000 euros. ¿Que esto es demagogia? Ya lo creo, pero más demagógico es que hasta ahora ganase 2,3 millones, que lo merecería, sin duda, si su banco fuera próspero y el mercado libremente se los pagase.

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