Las dos orillas

José Joaquín León

La Ruta de los Horrores

MIENTRAS en Sevilla no se hablaba de otra cosa que de los tiras y aflojas entre José Antonio Viera y Demetrio Pérez para el Congreso Provincial del PSOE, un asunto apasionante para ellos, han ocurrido otros acontecimientos también dignos de consideración, como las negociaciones de Manuel Ruiz de Lopera con Luis Castel para la venta del Betis y el inicio de las obras en la plaza del Salvador. El martes, a las cuatro y media de la tarde, iba un camión por la calle Águilas, Alfalfa, Jesús de las Tres Caídas y la Cuesta del Rosario abajo, como si fuera el paso de palio de San Esteban, con un cortejo de automovilistas detrás. ¿Iba este camión, con su procesión de coches, a hacer la entrada en la Campana a la hora de la siesta? No, iba para participar en las obras de la plaza del Salvador, felizmente inauguradas.

¡Otra plaza está en peligro! ¡Otra plaza puede entrar en la Ruta de los Horrores! Hasta ahora esta ruta didáctica comienza en la plaza del Pan o de Jesús de la Pasión, sigue hacia la Encarnación, vuelve a la Alfalfa, continúa por la plaza de la Pescadería y termina, de momento, en la Plaza Nueva, para facilitar que los turistas y seguidores de la ruta repongan fuerzas en el Nuevo Bar Laredo. Lo lógico sería promocionar mejor esta Ruta de los Horrores, instalar un Centro de Interpretación y Acogida en la plaza del Pan para colocar a unos cuantos primos que den explicaciones a la gente y proyecten un audiovisual. Serviría para atraer más turismo y que la vean alcaldes y concejales de por ahí, que se fijan mucho en Sevilla. Se les debe mostrar esa plaza del Pan con cariño:

-Mirad, este lugar lo hemos dejado para la posteridad, para que nos tomen por locos y para que sirva de ejemplo de lo que no hay que hacer en una ciudad histórica. Si os pregunten en primero de Concejales para la Ciudadanía "¿qué es lo que no debe hacer nunca un Ayuntamiento?" Pues aquí lo tenéis: esto, con sus preciosas farolas.

Y después que paseen por la Ruta de los Horrores y que se tomen un descafeinado en el Nuevo Laredo.

Pero con lo que tenemos ya está bien. De verdad, no hace falta ampliar la ruta, añadiendo la plaza del Salvador. Después de la que montó Joaquín Moeckel con la restauración de la iglesia Colegial, no se debe perder de vista lo que hagan en la plaza. Es poco tiempo de obras, hasta Navidad, aunque suficiente para que el Domingo de Ramos, cuando la Borriquita baje la rampla, esté irreconocible. Ya sé que el alcalde Monteseirín, a pesar de la actividad ajetreada del congreso, dijo que han optado por fórmulas "más conservadoras", pero teniendo en cuenta los precedentes, a ver quien se fía. Por eso, cuando el camión entró en la plaza del Salvador, sentí un escalofrío becqueriano: el pálpito de otro horror.

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