La esquina

Saqueadores de África

LA Justicia francesa ha admitido a trámite la denuncia de una ONG que acusa a tres jefes de Estado africanos de enriquecimiento ilícito. Es un paso adelante más en la creación de una Justicia internacional que permita encausar a grandes criminales por encima de las fronteras patrias y las legislaciones de cada país. A trancas y barrancas se persigue ya a genocidas y multiasesinos varios. Ahora se trata de encausar también a los saqueadores. El robo a gran escala empieza a dejar de ser un asunto interno. Vamos progresando.

Los dignatarios acusados -o indignatarios, según se mire- son Omar Bongo, presidente de Gabón, que lleva el hombre cuarenta y dos años en el poder; Denis Sassou-Nguesso, presidente de Congo en dos etapas distintas, la última desde 1997 a la actualidad, y nuestro viejo conocido Teodoro Obiang Nguema, que manda en Guinea Ecuatorial desde 1979. Los tres países disponen de ricos yacimientos de petróleo en su subsuelo y los tres jefes de Estado se han comportado como jefes de tribu en relación con esta y otras riquezas nacionales: las han tomado como propias.

A los tres se les ha podido detectar un patrimonio inmobiliario considerable, probablemente acorde con el patrimonio dinerario que aún permanece oculto en algunos paraísos fiscales. El gabonés y su familia tienen en Francia más de treinta viviendas de lujo, pisos y apartamentos (una de ellas, a un paso de los Campos Elíseos, costaba 18 millones de euros en 2007). Al congoleño y familia les constan dieciocho casas en París. El chico del guineano se ha comprado quince coches de lujo en unos años.

El procesamiento de los tres campeones negros en Francia no está ni mucho menos garantizado. En favor de la impunidad trabaja el hecho de que muchas de las pruebas del desvío de fondos públicos, blanqueo de dinero y abuso de confianza -que son las acusaciones de la juez decana de delitos financieros- habría que buscarlas, y encontrarlas, en los propios países de origen. Eso por no hablar de las previsibles maniobras del Gobierno francés y la Fiscalía para bloquear el proceso. Como dirá la diplomacia gala, estos tres elementos serán unos ladrones, pero son no nuestros ladrones.

No obstante, el incidente, vaya adelante o se atasque, sirve para reflexionar sobre un punto: África no está en la incuria y la miseria sólo por los saqueos de los colonizadores europeos de antes y el comercio desigual de ahora, sino también por la cleptocracia de sus sátrapas. Nuestra mala conciencia por el expolio del pasado hace que nos pensemos culpables de la desolación y la miseria del África negra, pero desde hace una temporada larga (la gran descolonización ocurrió en los años sesenta del siglo pasado) la clave hay que buscarla en los tiranos nacionales. En los malos gobernantes negros.

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