PASA LA VIDA

Juan Luis Pavón

Sevilla, Agustín García Calvo, hoy

EL Evento Blog España arranca hoy desde Sevilla para volver a convertirse en trending topic en habla hispana y reivindicar la fuerza de la palabra con impronta en nuestra piel de pantalla y teclado. Animo a sus organizadores a que calienten motores tuiteando frases de Agustín García Calvo, fallecido ayer a los 86 años. Por ejemplo, ésta: "Impera la necesidad de buscar padres y guías. Habría que llamar a los jóvenes a la renuncia auténtica de todo liderazgo". O ésta: "No quieras, del placer de dar, cobrar más paga que el placer que el otro toma, dure mucho o poco". Hay mucho donde elegir en su pensamiento, ora contundente ora paradójico, obra de un alquimista del lenguaje, de un antisistema cuyas reflexiones rompían moldes mientras sentaba cátedra con su férreo dominio de la métrica y la prosodia latina, con su encarnación de los pensadores griegos y romanos. Palabras cuyo valor trasciende de los excesos del personaje en el que se convirtió, devaluando su aureola, para que su estilo polemista y ácrata sobreviviera en una sociedad que repele a quien aboga de continuo por una enmienda a la totalidad.

Pudiera parecer que el reino de los blogueros fascinados por la nueva aplicación informática de ayer por la mañana es el ámbito más antagónico posible respecto a Agustín García Calvo, objetor de los ordenadores y demonizador de sus capacidades como invisible medio de control social. Atemos cabos. Otro ilustre octogenario aherrojado de la España oficial, Basilio Martín Patino, acaba de presentar su documental sobre el movimiento 15-M, cuya base y envergadura no se puede entender sin la urdimbre de las redes sociales que llevamos en el bolsillo. El cineasta, que reside cerca de la Puerta del Sol, estuvo con la cámara a pie de calle documentando lo que se vivía allí al igual que en muchas ciudades españolas, un pacífico impulso de libertad y dignidad protagonizado por gente normal y corriente. Lo ha titulado Libre te quiero, el poema más popular de García Calvo (en la voz de Amancio Prada). No en vano García Calvo acudió muchos días a la acampada, rubricó su capacidad de fascinar a estudiantes y convertirlos en seguidores de su ateneo de ágora presocrática, y se sintió rejuvenecer evocando la España franquista donde dio la cara en años de entusiasmo igualmente minoritario para conjugar la palabra libertad. Hasta serle arrebatada la cátedra por no avenirse a la vida de paniaguado.

García Calvo se ha muerto cuando Wert, como ministro de Educación, quiere expulsar el latín y el griego de la enseñanza obligatoria. Llega la hora del obituario cuando el mundo universitario sevillano padece una funcionarial cobardía intelectual de estómagos agradecidos que se parece en demasía a la que se encontró en 1953 cuando llegó para ocupar la cátedra de lenguas clásicas en la Facultad de Filosofía y Letras. Durante diez años enseñó a sus alumnos la vida que no explicaban otros profesores y les inculcó la semilla del librepensamiento. García Calvo pone fin a su biografía de consumado ateo dando la nota el Día de Todos los Santos para hacer pensar en la deriva de una España refractaria a cualquier ideología con dos dedos de frente; en la ridiculez de una Sevilla de casino aldeano a cuenta de un pregón, y en la adoración a Halloween al borde de la estupidez.

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