Visto y oído

Antonio / Sempere

Silvestre

QUÉ alegría me da ver el cartel del largometraje 3.19 anunciando que la película se estrena el 20 de junio. Qué alegría da ver en el centro, captando toda la atención, una imponente mirada del actor Miguel Angel Silvestre. La rodó mucho antes del boom de Sin tetas no hay paraíso. La rodó mucho antes de ser conocido y de convertirse en sex-symbol y estrella mediática. Gracias al tirón de Silvestre, la película dirigida por el desconocido Dany Saadia participó en la Zona Zine del Festival de Málaga, donde logró el premio al mejor actor. Y gracias a este escaparate, '3.19' tiene ahora distribución, y pasa del ostracismo a la visibilidad. A una visibilidad previsiblemente muy superior a la de otras hermanas de generación, de Un poco de chocolate hasta Abrígate o Sultanes.

Hace muy pocos días ocurrió algo parecido con Vida y color, la opera prima de Santi Tabernero. Que muy pocos vieron en el momento de su estreno, hace dos inviernos, y a la que muchísimos no se pudieron resistir ahora, después de ver en el tráiler la camiseta empapada de Miguel Ángel Silvestre.

La película era excelente, y para todos los de mi generación, que crecimos pegando cromos en lo álbumes de la editorial Maga, muy emocionante. Con sabores y aromas propios, que llegan al código genético.

Da mucha alegría ser testigo de lo que le está ocurriendo a Silvestre, un tío majísimo. Están los amigos, están los conocidos y están los saludables, los del hola y poco más. Pero hay personas a las que se les ve a una legua. Y por lo que conozco a Miguel Angel, por la empatía que me transmitió desde el primer día que le abracé en un festival de Lorca, se merece lo mejor. Está muy bien que ahora la vida tome café con él.

Otro tanto podría decir de Rodolfo Sancho, terapéutico en Balas de plata.

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