la esquina

José Aguilar

Sostiene Borbolla

EL ex presidente de la Junta de Andalucía José Rodríguez de la Borbolla -Pepote para los amigos- lleva un tiempo interviniendo activamente en los debates de la organización socialista de Sevilla. Ha abandonado casi por completo su bufete de abogados y ha vuelto a la enseñanza universitaria. O sea, que está suelto de manos y libre de pensamiento y palabra.

Su voz es altamente valorada. Por esa independencia profesional recobrada, por haber sido presidente de la comunidad autónoma y secretario general del PSOE andaluz y porque ahora puede presumir de falta de ambiciones personales. No pretende sustituir a nadie ni aspira a ningún cargo orgánico o público. Entre otras cosas, porque sería tontería reanudar una carrera que interrumpió por las bravas el guerrismo activísimo de hace un cuarto de siglo.

Ahora ha irrumpido en los prolegómenos del congreso provincial socialista con un dardo de doble destinatario y único mensaje. Ha dicho que la consejera de Presidencia de la Junta, Susana Díaz, y el presidente de la Diputación, Fernando Rodríguez Villalobos, tendrían que dimitir de estos cargos antes del congreso sevillano en el que forman tándem para ocupar la secretaría general y la presidencia del partido (y tienen muchas papeletas para conseguirlo).

Lo importante es el argumento utilizado por Borbolla: los dos son, gracias a sus cargos oficiales, empleadores directos de muchos de los delegados que han de votar en dicho congreso. Lo llama doctrina Griñán, ya que el presidente de la Junta ha explicado varias veces que si hubiera primarias para elegir candidato a las generales Rubalcaba debería dimitir como secretario general "para garantizar que las votaciones fueran limpias y no estuvieran contaminadas".

Pepote reconoce que él no comparte esta doctrina. Normal: muchos le hubiéramos recordado con qué tenacidad y firmeza -y sin éxito, a la postre- defendió en su tiempo de esplendor la acumulación de la Presidencia de la Junta y el liderazgo del partido en una misma persona (la suya). Precisamente con este pretexto fue como Alfonso Guerra y sus geos en toda Andalucía lograron defenestrarlo a finales de los años ochenta del siglo pasado. Lo que sí hace Borbolla es exigirle a los griñanistas Díaz y Villalobos que sean coherentes con lo que su jefe fe filas demanda a nivel federal para Rubalcaba.

Por lo demás, no cabe duda de que la independencia de criterio de los delegados en un congreso político sufre una merma considerable cuando su sustento está en manos de alguno de los candidatos. Esto ha ocurrido en el PSOE antes de Borbolla y después de Borbolla. Está ocurriendo con Griñán (¿por qué, si no, no se están nombrando los delegados de la Junta hasta que pase el congreso regional?) y ocurrirá después de Griñán.

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