LA idea del Ayuntamiento de aprobar un nuevo impuesto que grave a todos los dueños de perros por los gastos que genera la recogida de las heces caninas ha provocado un encendido debate entre nuestros lectores. Según los cálculos de Lipasam, en Sevilla hay al menos 40.000 perros, los cuales excretan 28 toneladas semanales de heces, de las que el 80 por 100 quedan depositadas en la vía pública por la manifiesta desidia e inhibición de los dueños de los animales a la hora de recogerlas. Ninguna zona de la ciudad puede considerarse libre de esta lacra, aunque hay algunas especialmente afectadas, bien por su propia configuración urbana (predominio de los espacios abiertos, ideal para sacar de paseo a los canes), bien por la mayor tenencia de mascotas caninas entre los vecinos. Aunque el 63 por ciento de los lectores han sido favorables a la creación del impuesto especial canino, creemos que la aplicación indiscriminada de este gravamen supondría una penalización injustificada a los propietarios que recogen las heces de sus animales, y que una medida en tal sentido animaría a hacer justo lo contrario de lo que se pretende, ya que si ese 20 por ciento de ciudadanos responsables es castigado fiscalmente, acabaría por imitar al 80% de desaprensivos que dejan sucias las calles. El impuesto se entendería como una licencia para ensuciar y simultáneamente permitiría al Consistorio incrementar sus ingresos. Nos hallamos ante un problema general de falta de educación que no debe solaparse bajo una figura recaudatoria, sino combatirse con campañas de concienciación (desde los colegios, a través de los niños, se puede incidir sobremanera en los padres) y con las medidas coercitivas que permiten las Orden anzas. Con la coartada de que no puede poner un policía o un inspector de Lipasam detrás de cada esquina, el Ayuntamiento está cayendo en un exceso de permisividad que se traduce en impunidad para los infractores y en deterioro para la imagen de una ciudad turística comola nuestra. Que en todos estos años haya impuesto sólo una multa por esta causa lo dice todo. El incivismo, sin embargo, no puede seguir teniendo patente de corso en Sevilla.

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