Visto y oído

Antonio / Sempere

Supervivientes

Veo a Joselito lejos de los territorios de Cine de barrio y, qué quieren que les diga, se me cae el alma. En una de esas tomas indiscretas que nos dan los realizadores del nuevo reality Supervivientes veo a Joselito rascándose una y otra vez sus partes íntimas, cubiertas por un bermudas rojas, subido en una tarima colocada en la orilla de esa playa que parece de atrezzo, y se me abren las carnes.

Casi tanto como cuando miro las listas de recaudación de los primeros estrenos del año, y no encuentro por ningún lado la producción española El prado de las estrellas. La última película de Mario Camus. Un cine que reivindica los sentimientos nobles, el mundo rural, la utopía de la justicia. Se ve que eso es una antigualla. Un cine que recupera, qué alegría, a Mary González, la actriz de Estudio 1, y al gran Álvaro de Luna.

Miro las listas que los medios hacen públicas los fines de semana, y compruebo que el estreno que se sitúa en el vigésimo puesto en la clasificación es la película argentina XXY, que aborda el tema del hermafroditismo, y que fue vista el fin de semana de su estreno por 12.363 espectadores. Lo que quiere decir que El prado de las estrellas, que como mínimo debe ir en el puesto 21, ni siquiera llegó a esta cifra. O sea, que sumando los espectadores de todas las Españas, las del Cantábrico donde se desarrolla la película, las de las plazas fuertes que son Madrid y Barcelona y el resto, El prado de las estrellas no ha logrado interesar a más de diez mil cinéfilos. Coincidiendo con este estreno, el Festival de Málaga anuncia que dedicará la noche de la víspera de la clausura a homenajear a Mario Camus. La gala del Teatro Cervantes y la retrospectiva de su obra compensará este vacío. Lo que muestra que el cine de Camus, como el de tantos otros, difícilmente puede sobrevivir en las coordenadas actuales.

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