desde mi córner

Luis Carlos Peris

Tarde de goles y decepciones

En la apasionante tarde del Sábado de Pasión, la cara fue para el Betis y la cruz, muy pesada, para el Sevilla

CARA y cruz de la moneda en un calurosísimo Sábado de Pasión que se presumía apasionante y que acababa a la hora de las brujas con el primer clásico de un póquer que nos llega para solaz mediático y empacho para el que no tiene nada que ver con el invento. La cara y la cruz fue a la misma hora, a partir de las seis de la tarde para que el bético pueda ir hoy con toda alegría a ver a la Estrella por el Puente y para que el sevillista rumie por qué, una vez más, su equipo se muestra incapaz de ganar en ausencia de Kanoute. ¿Tanto influye un solo hombre en la cuenta de resultados de un equipo? Pues por lo visto, más de lo que parece.

Iba el Sevilla a la conquista de seis puntos que se antojaban tan importantes como asequibles, pero ni en Palma ni en Getafe ha dado el equipo la talla. En la isla balear agarró un punto que se veía insuficiente para esos objetivos que se marca el club. Aquella noche echó una manita Aouate, pero ayer en el centro geográfico de la Península Ibérica, no hubo fútbol ni siquiera para neutralizar el gol de Miku. Un resultado que le quita contenido al choque del Domingo de Resurrección contra el Villarreal y no hay más remedio que insistir en la incidencia de Kanoute, ese futbolista milagro, en las aventuras y las desventuras del equipo que aún dirige Manzano.

A la misma hora se vivía una fiesta en el Villamarín para que el Betis, con un chaparrón de goles, acaricie con más fundamento el regreso al hábitat natural. Digo acariciar no agarrar, que para eso queda mucho y hasta el rabo todo es toro. El partido tuvo un comienzo inquietante para un Betis demasiado nervioso y un Cartagena que aparentaba saber a qué jugaba. Pasó que la jugada del penalti, justo, y expulsión, rigurosa, le alfombraría la tarde al equipo de Pepe Mel. Luego, goles a granel con golazo de Emana y otro triple de Jorge Molina para rubricar una tarde apasionante de Sábado de Pasión que se saldó con un cara y cruz incuestionable.

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