Crónica personal

Pilar Cernuda

Tedioso debate

DEBATE pesado, reiterativo, tedioso. Zapatero, encantado de conocerse, describió un panorama idílico y lanzó toda clase de propuestas atractivas sin explicar cómo llevarlas a cabo. Mariano Rajoy salió a la palestra con verbo enérgico y ánimo de diálogo, pero Zapatero no le perdonó que anunciara su voto negativo a la investidura y que pusiera en duda su credibilidad y, olvidando las propuestas de diálogo y consenso de su intervención inicial, se dedicó a intentar descalificar a Rajoy y al PP, sin importarle que muchos de los datos que ofrecía eran a todas luces falsos de toda falsedad, metiéndose en camisa de once varas macroeconómicas que no solamente hacían perder el hilo al personal sino que los expertos -no solamente Miguel Arias, que hacía gestos de que el candidato tenía mucha cara- advertían que no se correspondían con la realidad.

Zapatero -tiene gracia- acusaba a Rajoy de no presentar propuestas. ¿Por qué iba a presentarlas? ¿Es que Rajoy era candidato? Ensoberbecido por su victoria electoral -porque ha sido una victoria-, Zapatero no admitió un solo pero a su gestión anterior ni tampoco al escenario de las maravillas que describió. Sin embargo, lo más chocante fue su reacción ante un Rajoy que aceptó su mano tendida, que anunció su disposición a intentar llegar a acuerdos de Estado y lo hizo con palabras claras, sin vueltas. En cuanto Zapatero vio la buena disposición del líder de la oposición, dio cierta marcha atrás, aunque intentando demostrar que era Rajoy el que rechazaba cualquier tipo de acuerdo. Es decir, exactamente lo mismo que ha ocurrido en la legislatura anterior, con Zapatero y Blanco acusando al PP de no aceptar ningún tipo de diálogo, cuando muchas de las veces eran los socialistas los que hacían cuanto estaba en su mano para no acercarse ni un ápice al PP, como si tuvieran miedo a ser contaminados.

Y otro apunte más: Zapatero ha recordado permanentemente a Rajoy que ha perdido las elecciones. Todo indica que ese recuerdo va a ser recurrente en los próximos cuatro años, cada vez que Rajoy ponga en duda su forma de gobernar.

Un dato interesante para Rajoy: le aplaudieron los suyos más de lo esperado. Le interrumpieron, aparentemente se sintieron cómodos con su tono enérgico y con su mano tendida. En ese sentido puede decirse que Rajoy salvó la cara en un debate en el que había más peligro en sus propias filas que en las filas del adversario: era un secreto a voces que en el PP se analizaría con lupa su intervención, incluso se decía que se jugaba su futuro como presidente del partido tras el anuncio de Esperanza Aguirre de que no descartaba presentar una candidatura en el próximo congreso del PP.

No tiene delante un camino absolutamente llano, sino plagado de dificultades, pero este primer capítulo de la nueva legislatura ha conseguido superarlo. El debate de investidura no hará historia en la peripecia política de Zapatero, no hubo un solo anuncio imaginativo, sino mucha egolatría y autosatisfacción.

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