Visto y oído

Francisco / Andrés / Gallardo

De Toledo

SENTEME a contemplar este martes el cristal que alumbra mi gravado lar y asomeme a Toledo, recia capital del castellano solar. Vinieronme desde el 3 a contarme relatos de caballeros cristianos contumaces y barbados blanquecinos moros, para la ocasión "musulmanes" evitando así apuntes incómodos. En Toledo, señores, intentaronme entretenerme y yo ansiábame por aceptarlo, os aseguro pardiez que en todo momento quise ser complaciente pero sólo en ratos contados la prolongada historia estuvo resplandeciente para que yo asintiérales entregado.

Resaltareles, sí, el nome de Eduard Farelo, el noble sin pelo que apelo sin recelo y que les revelo, vive Dios, fue el más bravo de los juglares de vuelo que por aquesta ciudad se vio. Aparecióse un apuesto joven, Maxi Iglesias realmente nombrado, Romeo toledano que de una musulmana turgente se enamora, pero faltan horas para ver si mejora un trabajo que elabora así, tan plano. Todo curvas, verdad, ella, y bien que los del 3 se preocuparon en que la doncella aparecierase sin ropas, tan bella, para la turbación regodella de los jóvenes que a distancia la contemplaron (Julieta se queda aquí sin rima). Adornos juveniles imprescindibles para hacer más consumibles las cantigas alfonsinas que a los de Boomerang encargaron. Hubo escenas de esgrima que en verdad grima han despertado y rincones tomados de belenes y mesones con un vestuario pulcro para caballeros tan ajados.

Contemplele bien a Álex Angulo como judío juicioso; pero no así al monarca Juan Diego, casi siempre maravilloso y aquí muy despeinado, que no dona como debiere los callejeros diálogos que al rey sabio le han endilgado. Un recortable para esa multitud que los de A-3 ahora fácil congregan y que, confiemos, en unas noches toledanas postreras, mejoren en acciones, intrigas e interpretaciones a la altura que debieran.

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