las dos orillas

José Joaquín León

Utilidades de las 'setas'

SIENDO espantosas, que lo son, el ingenio popular sevillano va encontrando utilidades a las setas de la plaza de la Encarnación. El Metropol Parasol cara al sol que nos dejó el alemán Jürgen Mayer, en las circunstancias ya sabidas, es de difícil encaje en la ciudadanía, pese a lo del Antiquarium y el mercado con todo mezclado. Pero como costaría muy caro derribarlo y hacerlo de nuevo, en estos tiempos de crisis, ¿qué quieres?, es lo que hay. Por eso fue emocionante ver el domingo pasado que, por primera vez en la historia, se celebraba un título europeo rojo en las setas. Ya hay un talismán de La Roja (eso dice la web del Metropol Parasol) en esta ciudad talismán. Allí, como es de tal modo, cabe todo, una pantalla gigante y lo que se ponga por delante.

Cuando conectaban con las grandes retransmisiones de la final de la Eurocopa, entre las ciudades y pueblos, destacaban dos por la magnitud de los congregados: Madrid y Sevilla. En la capital de España estaba la Castellana a rebosar. En la capital de Andalucía se veía la Encarnación con sus setas que daba gloria verlas, nunca hubo tanta gente con camisetas rojas debajo de unas setas rojas. Es intolerable que ese récord no se haya incluido en el Libro Guinness. Y ahí está, ahí está, no la puerta de Alcalá, sino nuestras setas rojas, convertidas en talismán del éxtasis a la sevillana, en el icono (otra palabra de moda) más icónico de la ciudad talismán, a los ojos del mundo.

Pues a ver si no se podía poner la pantalla en otro lugar. En la plaza de San Francisco, por ejemplo, que es un talismán de la Sevilla de traje azul de los palcos, a la vera del Bar Laredo. Se hubiera visto en la tele la magnífica fachada del Ayuntamiento, en vez del engendro salchichero del señor Mayer. No fue así. Está claro que hay que procurar unas utilidades ante los hechos consumados, salvar los muebles de ese mobiliario urbano como sea. Las setas lo mismo sirven ya para el gozo extasiado de los grandes triunfos que para el cabreo cívico de los indignados. Bajo su gran parasol protector ya va cabiendo todo, desde la indignación al talismán. Ahí se ha metido bien.

El gran reto de las setas es encontrarle una utilidad para el cofrade. Comprendo que es más difícil, que no se presta. Se me ocurre una, que sería organizar un pregón de Semana Santa popular para los indignados, no los del 15-M, sino los que se quedaron sin entradas para el otro pregón, después de haber estado una noche en la cola. El pregón indignado lo podría dar el mismo pregonero, u otro que quisiera hacer méritos. Por falta de pregonero no iba a quedar. Más ambicioso aún sería convertir su graderío en una tribuna de los pobres, como ya intentó Monteseirín con unas sillas de plástico. Nunca se sabe hasta dónde puede llegar la horterada.

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