Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Vara para medir más que curiosa

Nadie se escandalizó por corearle maricón a Beckham, pero si alguien usa la onomatopeya de los monos...

JOHN Terry, el formidable defensa central que capitanea al Chelsea y a Inglaterra, había amenazado antes del partido con España que en el mismo momento que alguien de la grada del Sánchez-Pizjuán osase hostigar a uno de los futbolistas de color, de color negro por supuesto, el equipo entero abandonaba el campo de juego y aquello se daba por terminado. Eso no hacía más que añadirse a la postura de la Federación Inglesa de vetar el Bernabéu porque en el España-Inglaterra anterior se había practicado la onomatopeya simiesca en dicho coliseo. Luego desmintieron lo del veto, pero sólo cuando supieron que no iban al Bernabéu.

Y el partido se trajo a Sevilla y antes de llegar a Sevilla, Terry advirtió lo que advirtió. Afortunadamente, ninguna de las miles de personas que abarrotaron el estadio se acordó de Chita y ni Wright Phillips, Carlton Cole o Heskey sufrieron semejante humillación. El partido, por tanto, no tuvo interrupción alguna, pero viene a cuento recordar esto por lo que ocurrió en los minutos finales tras una intemperancia de Beckham con Piqué. El marido de Victoria se vengó de una dura entrada pagando al barcelonista con la misma moneda y, entonces, me temí lo peor, pues la grada a coro empezó a poner en duda la virilidad del rubio futbolista inglés.

Para mi coleto me dije ya está Terry llevándose a los suyos al vestuario. Con las ganas que tendrán de que termine el suplicio que es un partido en el que no se coge nunca el balón, eso de que le digan insistentemente a un compañero maricón puede ser motivo más que suficiente para que los ingleses cojan la puerta y se vayan. Pero no, no pasó nada, corearle maricón a alguien no tiene la importancia que se le da al sonido simiesco cuando un negro entra en escena. Igual que dudar de la honorabilidad de la madre del árbitro tampoco tiene importancia ni hay árbitro que lo refleje en el acta como hace con lo otro. Curioso, ¿no?; al menos, digamos que curioso.

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