La ciudad y los días

Carlos Colón

Varón Dandy

Acuántos españoles ha logrado ofender, con una sola frase, José Blanco? Ha escrito en su blog que la lista del PP "huele a covacha, huele a caverna de fiera, huele al pasado, huele a perfume Varón Dandy". Por de pronto ha ofendido a los políticos del Partido Popular, aunque sería lo de menos ya que la cosa se integraría en el pressing catch (lucha, pero de mañas y alardes) preelectoral. Después, a los 707.000 afiliados del PP, cuyos gustos en perfumería ignoro. A continuación, a los muchísimos votantes del PP -9.630.512 en las últimas elecciones- presos del pasado, cohabitantes de la covacha derechista y votantes de la lista que huele a caverna de fiera. Tras ellos, ha ofendido a la pujante historia de la industria perfumista catalana: Varón Dandy es un producto de la casa Parera, fundada por Albert Parera i Casanova en 1912, en el marco de la expansión de esta industria en el primer cuarto del siglo pasado que también representaron las firmas Puig, creada por Antonio Puig en 1914, o Myrurgia, creada por Esteban Monegal Prat en 1916. Y por fin ha ofendido a cuantos eligen y han elegido Varón Dandy, colonia y no perfume como dice el señor Blanco, aparecida el mismo año de 1912 en que Albert Parera creó su empresa y usada por millones de españoles, en muchos casos modestos, dado su precio asequible; esos españoles, precisamente, cuyos intereses y dignidad debería defender el PSOE con independencia de la ropa o la colonia que sus economías o su gusto les permitan usar. Salvo que se forme parte de la evolución pokémon del psoebiutifulpipol de los 80 que es el psoevogue zapaterista.

Una de las más despreciables formas de exclusión es la clasista que, a partir de una determinada idea de distinción, segrega a quienes se visten o perfuman de una manera considerada vulgar que delataría la pertenencia a una clase "inferior". Es la que ha practicado el señor Blanco, igualándose a los antiguos señoritos que despreciaban a quienes calzaban alpargatas o a sus descendientes pijos que lo hacían con quienes usaban calcetines blancos o zapatos de rejilla. Empeorándolo al añadir al desprecio clasista una connotación ideológica negativa, en una actualización del anuncio franquista que reprochaba a los rojos no usar sombrero.

Una sola vez en mi vida he usado Varón Dandy. Viajaba de mochilero en un expreso que tardaba 24 horas en hacer el trayecto Algeciras-Irún. Me la ofreció, al despertarnos tras dormir sentados en el compartimiento de seis de un vagón de segunda, un emigrante que volvía a Francia. Gente de la covacha que huele a caverna de fiera, ya se sabe.

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