La ciudad y los días

Carlos Colón

El aire público y la educación sexual

EL informe sobre la conducta sexual de los adolescentes sevillanos de ESO arroja unos datos tan preocupantes sobre precocidad, uso de anticonceptivos y abuso de la píldora poscoital que sus autores han alertado de la necesidad de una mayor formación sexual para evitar conductas de riesgo y el contagio de enfermedades venéreas. Sin poner en duda la necesidad de la educación sexual, y más en estos tiempos interesadamente hipersexuados desde los poderes políticos, económicos y mediáticos, aún más lo es educar a secas. Y educar, si la Real Academia no miente ni tergiversa la lengua que está obligada a limpiar, fijar y dar esplendor, es "dirigir, encaminar, doctrinar" y "desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios, ejemplos, etc".

Cualquiera que conozca los penúltimos y últimos desarrollos de la pedagogía sabe que dirigir y encaminar se tiene por cosa autoritaria y perversa, ignorando estas exactas palabras de George Steiner: "¿Con qué derecho puede uno obligar a un ser humano a alzar el listón de sus gozos y sus gustos? Yo sostengo que ser profesor es arrogarse este derecho". Adoctrinar, en cambio, sí que se adoctrina. Pero lo hacen el mercado y los medios -servidos por una dócil clase política- en función de sus intereses.

Cualquiera que conozca los actuales planes de estudio sabe que, ya se trate de sexualidad u otra materia, todo parece ordenado a formar en una debilidad de conocimientos que dificultan, si no impiden, "desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales de los jóvenes". En parte porque, como escribió Spinoza, "lo excelente es muy difícil". En parte porque todavía sufrimos los efectos de lo urdido por las sectas pedagógicas que han acabado por dar la razón a lo que intuyó Unamuno: "Dondequiera que el Ejército ha abusado, se ha formado un partido antimilitarista; donde el Clero ha abusado, se ha formado un partido anticlerical. Nuestros hijos, nuestros nietos, conocerán en España un partido antipedagogista". En parte por el irresponsable desinterés de los padres. En parte porque, deliberada o intuitivamente, cada sociedad tiende a formar en función de lo que necesita. Y parece claro que la formación en valores y conocimientos que garanticen esa libertad que sólo la racionalidad crítica procura no es lo que hoy conviene.

Ya escribió Ortega que "la escuela depende mucho más del aire público en que íntegramente flota que del aire pedagógico artificialmente producido entre sus muros". Si hoy el aire pedagógico es malo, el público es aún peor.

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