Pasa la vida

Juan luis pavón

El alcalde, contra los jueces

EL gran respaldo ciudadano que tuvo la manifestación en Sevilla contra la sentencia del caso Marta indica lo insatisfecha que deja a la sociedad la verdad judicial. Y lo poco que se valora que haya dos condenados: Carcaño y El Cuco. Ni siquiera contenta la calificación de asesinato que la sentencia le endosa a Carcaño, lo que le supone más cárcel, cuando los magistrados podían haber tipificado homicidio imprudente lo que sucedió entre él y ella. La sensación de engaño y burla durante tres años se impone en el sentir popular a la obligación de corroborar en un juicio los hechos de la noche fatídica.

La solidaridad con la familia de Marta debe vacunarse de la demagogia política. Cada vez que en España ha acaecido un suceso con ribetes tan indignantes, hay políticos que se congracian con quienes exigen justicia justiciera y prometen cambios legislativos para endurecer las penas. Nunca dicen que ellos y sus partidos han elaborado y votado las leyes que supuestamente son el problema. Y no lo son, porque las leyes no tienen la culpa de que no haya aparecido el cadáver. Lo peor es que los políticos no tienen la gallardía de defender  aquí y  ahora las bondades de un Estado de Derecho garantista, siempre mejor que la ley de la jungla. Y un Estado obligado moralmente a reeducar a los delincuentes para que no se convierten en máquinas de matar.

Me parece correcta la actitud del alcalde al solemnizar en una recepción municipal el respaldo de la ciudad a la familia de Marta. Mejor hubiera sido con representación de los otros partidos y no sólo con los concejales del PP. Y considero que Zoido se equivoca y extralimita al ponerse al frente de la manifestación en su tramo inicial. Es populismo y electoralismo encabezar como alcalde una protesta convocada como repulsa contra los jueces. Un precedente muy peligroso. Si, para más inri, su profesión es la de juez, y llegó a ser decano de los jueces en Sevilla, Zoido ha de retratarse ante el gentío y ante sus colegas para decir qué sentencia hubiera dictado él, en lugar de la que pronosticaban muchísimos profesionales de la abogacía, la fiscalía y la magistratura, a tenor de la escasez de pruebas y de la falta de autoinculpación.

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