La ciudad y los días

Carlos Colón

Aquí no hay antisemitismo,pero...

NO hay antisemitismo en España, ni se encubre bajo el disfraz supuestamente progresista e izquierdista de la oposición a la conjura yanqui-sionista (variante posmoderna de la conjura judía contra el mundo inventada por el panfleto Protocolo de los sabios de Sión y la conjura judeo-masónica que obsesionó a Franco); pero ya han sido atacadas cuatro sinagogas españolas, la última en Barcelona el pasado 29 de enero.

No hay antisemitismo en España, ni se alienta desde las asociaciones y partidos que exculpan a Hamas, culpan a Israel y extienden su culpa a todos los judíos; pero en las manifestaciones pro palestinas se ha igualado la Estrella de David con la cruz gamada y gritado "judíos asesinos".

No hay antisemitismo en España, ni llamar genocidio a los hechos (trágicos) de Gaza es una forma de relativizar o negar el Holocausto; pero el monumento ovetense a las víctimas españolas en el campo de concentración de Mauthausen ha sido atacado con pintadas.

No hay antisemitismo en España, ni se rozan por sus extremos la izquierda y la derecha radicales en su odio a los judíos; pero en Talavera de la Reina o Barcelona se detiene a neonazis que se aprovechan de este crecimiento del odio para sacar la cabeza de sus madrigueras, alentados por la judeofobia.

No hay antisemitismo en España, pero según el Pew Research Center de Chicago -como recordaba el escritor Enrique Krauze en El País (4-02-2009)-, desde 2005 España es el país de Europa donde el prejuicio antisemita ha aumentado más aceleradamente, pasando del 21% al 46%; y según una encuesta realizada por el Observatorio Español de Convivencia Escolar, más de la mitad de los estudiantes de secundaria declararon que preferirían no sentarse junto a un joven judío.

En este mismo artículo Krauze escribía: "A raíz de la guerra de Gaza afloraron dos actitudes preocupantes: una roza el antisemitismo, otra lo asume abiertamente. La primera es la parcialidad noticiosa y editorial de algunos medios con respecto al tema. (…) La segunda, francamente antisemita, (…) es la equiparación (ostentada en las manifestaciones de Madrid y Barcelona) de la Esvástica con la Estrella de David, que a su vez supone la equiparación (formulada por varios importantes escritores y periodistas) de la tragedia de Gaza con el Holocausto. (…) La amalgama de todos los males conduce a la banalización del mal: si 600 víctimas inocentes son lo mismo que seis millones (aunque la muerte de los seis o 600 sea claramente reprobable) el mal resulta relativo. (…) Otorgar a las víctimas la identidad de los victimarios es una perversidad moral". Lo suscribo.

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