La tribuna

Águila Bono Del Trigo

El armario de la enfermedad mental

NUESTRA sociedad esconde la enfermedad mental. Construye armarios para quienes la padecen. La silencia, la mantiene en secreto, la oculta en el fondo del armario.

La enfermedad mental es casi invisible. También son casi invisibles las miles de personas que la padecen. Miles de personas viven su enfermedad mental en secreto, la ocultan a sus amistades, en su trabajo. No es fácil contar que se tiene una enfermedad mental, "como si de una diabetes se tratara". Se pueden perder los amigos, se pueden tener dificultades para mantener relaciones afectivas, para encontrar trabajo, para no perderlo, o para comprar una vivienda. La única esfera aceptable para quien padece una enfermedad mental ha sido hasta ahora la intimidad, la privacidad… la enfermedad mental se vive de puertas adentro. Desgraciadamente, esta invisibilidad contribuye a que se perpetúe el silencio, y ayuda a confirmar prejuicios y las falsas creencias en torno a las personas que la padecen.

Y es que el armario es una imposición para miles de personas que tienen enfermedad mental. Hay motivos. El miedo al rechazo social, a los prejuicios, a las ofensas o, en el mejor de los casos, a las muestras de compasión o de lástima es suficiente para ocultar que uno tiene una enfermedad mental. Siglos de incomprensión, de ocultamiento, de encierro, de asistencia socio-sanitaria inadecuada, de información errónea, han construido una conciencia colectiva de miedo y desprecio a la persona con enfermedad mental.

Pero la realidad es que miles de personas con enfermedades mentales graves mantienen una ocupación (remunerada o no), estudian, ejercen de padres o madres, de hijos e hijas responsables, se independizan o viven su vida, más allá de su enfermedad. Y en su mayoría ocultan que la tienen.

La enfermedad mental es frecuente y cercana. Una de cada cuatro personas padece una enfermedad mental a lo largo de la vida. Le puede pasar a tu madre, a tu hijo, a tu novia, a tu amigo o a tu hermana. Ya va siendo hora de que hablemos de la enfermedad mental, que la saquemos del armario y permitamos que los que están dentro puedan contar que la tienen, sin más, "como si de una diabetes se tratara". Sacar del armario a la enfermedad mental supone acabar con la desinformación y las falsas creencias. Y ello va a repercutir en que la sociedad los trate con el respeto que se merecen, basándose en realidades objetivas en lugar de en tópicos y prejuicios.

Va a repercutir en que las personas accedan a los servicios sanitarios que les ayudarían en su recuperación, en lugar de no hacerlo por miedo al rechazo social, a ser etiquetados como "tarados". Va a repercutir en que los poderes públicos sean verdaderamente conscientes de la alta incidencia de personas con enfermedad mental, y de su tendencia creciente, y que legislen y gestionen los recursos en función de esta realidad, que se omite, marginando presupuestariamente a este colectivo.

Pero quizás el esfuerzo más eficaz para acabar con las falsas creencias es el que pueden hacer las propias personas que la padecen, no ocultándola, no silenciándola. Sin duda se trata de un cometido valiente. El armario en el que se ha escondido la enfermedad mental ha impedido hasta ahora cualquier posibilidad de que se forme un colectivo fuerte y bien organizado que luche por que se respeten sus derechos y su dignidad como personas, que puedan pedir cuentas a las instituciones.

Resulta alentador encontrar a un colectivo de personas valientes que afrontan la enfermedad y se presentan unidas con la ardua misión de hacer valer sus derechos, de luchar juntos por su dignidad, de mejorar su calidad de vida. Se trata de En primera persona, la Plataforma Andaluza de Asociaciones de Usuarios/as de los servicios de salud mental, constituida recientemente, con sede en Granada.

La existencia de En primera persona facilitará que muchas personas con enfermedad mental salgan del armario, afronten el rechazo social, haciendo pública su enfermedad. Quieren ser protagonistas en la toma de decisiones que les afectan y piden a las administraciones que se oiga su voz como primeros interesados y expertos por derecho propio en todo lo relacionado con la salud mental.

Quieren luchar contra la invisibilidad que han sufrido durante mucho tiempo, desplazados de la sociedad a la que pertenecen. Quieren luchar por la recuperación social de su colectivo. Y para ello han de salir del aislamiento y la invisibilidad. Enhorabuena por vuestro coraje y valentía.

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