Cosas que pasan

Ricardo Castillejo / Rcastillejo@grupojoly.com

El armarito de las cremas

CUALQUIER día, cuando me harte de esto del periodismo, me lío la manta a la cabeza y me forro montando un tour turístico por mi cuarto de baño. En él, aparte de lo normal de todos los aseos -lavabo, espejo, bañera y váter-, tengo algo que, según mis amigos, es un auténtico espacio de museo: el armarito de las cremas. Ungüentos de diferentes nacionalidades, precio y características que he atesorado poco a poco y que constituyen, sin duda, una de mis mayores inversiones. Ese armario es… como un pozo sin fondo, como un polluelo hambriento que jamás se da por satisfecho.

Así que, pensando en cómo saciarlo, últimamente llamó mi atención la línea de cosméticos firmada por Carla Royo-Villanueva y que, antes de ayer precisamente, ella presentó en Madrid. Carla Bulgaria Roses Beauty es el nombre elegido para bautizar esta iniciativa empresarial iniciada hace cinco años y que, por fin, es una realidad. "Estoy orgullosa y muy ilusionada", me cuenta la mujer del príncipe Kubrat de Bulgaria reconociendo los sacrificios de su empeño. "Sé que he perdido tardes para mis hijos pero lo hago por su bien. Es bueno que conozcan la importancia de la responsabilidad en el trabajo". El caso es que, en uno de sus viajes a las tierras búlgaras, Carla descubrió los secretos de belleza de aquel país -en artículos fabricados a partir de las rosas- y, desde entonces, aprovechando la jubilación de su padre, ambos se asociaron con la intención de sacar adelante algo que, entre otros puntos de venta, se comercializa en El Corte Inglés. ¿Caro? No. ¿Efectivo? A juzgar por los efectos en el rostro de su promotora, muchísimo. De lo único que tengo queja, la verdad, es de que tan sólo "ellas" resulten beneficiarias de su iniciativa aunque, según me avanza Carla, el próximo proyecto lo emprenderá pensando en "nosotros". "En casa todos usamos mis productos: mi marido, mis niños, mis hermanos… Para los chicos, el Hidra gel calmante es un after shave estupendo". "¡Vaya por Dios!", concluyo. "Otro lote más para el armarito de las cremas".

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