Visto y oído

Antonio Sempere

La bomba

A Chema Abad, el jefe de Tablero deportivo de Radio Nacional, que participó días pasados en un taller de radio en la UIMP, le salió del alma: "Si el grupo de la radiotelevisión pública tuviese un diario que le apoyara, sería la bomba". No ponía a Chema Abad cara hasta que lo vi en estas jornadas. Y encontré lo que imaginaba, a un hombre apasionado con lo que hace, a quien su programa le sirve a medias como terapia y catarsis, también como un lugar en el que soñar, olvidando posibles problemas personales, y trasladando al oyente entretenimiento radiofónico del bueno, que es de lo que se trata.

Convencido de que está en el buque adecuado, sin embargo, Chema Abad expresó en voz alta ese deseo que tenemos muchos de quienes seguimos con fidelidad los medios públicos. Esos medios públicos que no tienen quien les escriba, quien les arrope, quien pondere sus resultados en el EGM cuando corresponde, como hacen otros.

Ahora que estamos a las puertas de volver a la normalidad, de que cada cual regrese a su puesto y de que todos inicien la rentrée de la temporada, imagino lo que supondría a personas con la radio en las venas, como es el caso de Chema, no poder regresar a ella. Seguir los toros desde la barrera. No poder agarrar el micrófono. Sería la muerte, sin duda. El final de la catarsis y el final de la terapia.

De ahí que los juzgue tan afortunados. Pertenecientes a esa estirpe de profesionales privilegiados que hacen lo que les gusta, y que se realizan día a día con ello. Es muy ilustrativo el caso de Juan Manuel Gozalo, que un día antes de morir, sabiéndose en el final, no renunció a presentar su programa.

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