hoja de ruta

Ignacio Martínez

Como en botica

EL Gobierno va a recurrir ante el Constitucional la ley andaluza que declara incompatible ser alcalde y diputado autonómico. Hace bien. Esta ley fue hecha por los presumibles perdedores de las elecciones del 25 de marzo para evitar el tirón de los alcaldes del PP. Nada más esconde. Es chocante que un partido nacional como el socialista tenga distintos modelos de acumulación de cargos. Hay alcaldesas socialistas catalanas que presumen de lo importante que es ser al mismo tiempo diputadas autonómicas, concejales gallegos del mismo partido que no pueden ser diputados en su Parlamento regional, y el modelo andaluz que es intermedio. Trajes a medida. Muy edificante.

Hay una ley gallega antigua, dada por constitucional por el método más sencillo. Se presume que toda ley de un parlamento autonómico es constitucional mientras no se demuestre lo contrario. Y para que se demuestre alguien la tiene que recurrir. En Galicia se hizo por asentimiento, en Andalucía contra el PP. Con otro agravante. El presidente de la Junta de Andalucía en sesión plenaria de control al Gobierno dijo solemnemente hace unos meses que no se debía cambiar la ley de electoral si no era por consenso de todos los grupos. Pues al sacarla poco después con los únicos votos de su grupo faltó a su palabra dada. Muy edificante, de nuevo.

Lo cierto es que más allá de los apuros del PSOE, para rebañar algunos votos que le permitan una coalición por los pelos con IU para conservar el poder, no está mal que en el Parlamento andaluz haya de todo, como en botica. Desde luego, alcaldes que traigan a la Cámara las preocupaciones de la administración local, catedráticos de universidad, trabajadores manuales, empresarios, sindicalistas… De todo eso había en el primer Parlamento andaluz y en las primeras Cortes Generales de la democracia. Con los años, la estructuración de la vida política nos ha llevado al modelo del diputado profesional. Tan profesional que no es otra cosa que eso y nada le espera en el mundo exterior. La pluralidad de una Cámara legislativa no sólo debería afectar a las diferencias ideológicas, sino también a la diversidad social y profesional. Bienvenidos sean los alcaldes en la próxima legislatura.

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