La ciudad y los días

Carlos Colón

De coñazos y otras cosas

SE llama profesionalidad a la cualidad de la persona que ejerce su actividad con relevante capacidad y aplicación. Esta cualidad varía según la naturaleza de cada tarea. Ser un buen profesional no exige lo mismo según de qué profesión se trate. Todas requieren capacidad y aplicación, desde luego: eso que se suele llamar técnica u oficio; pero sólo algunas exigen una especial implicación personal y una correspondencia entre las palabras y los hechos, o entre las actitudes privadas y las públicas, que resultan ser tan importantes para su desempeño como la capacidad, la aplicación, técnica y el oficio. A este plus existencial que algunas actividades exigen para que quienes las ejercen puedan ser llamados buenos profesionales se le llama coherencia en el terreno de las ideologías o el servicio a los intereses públicos y ortopraxis en el religioso.

Al igual que entre los religiosos se dan los que antes se llamaban curas de misa y olla, sin preparación ni carisma, o sacerdotes que ejercen su ministerio con la fría desgana de malos funcionarios, entre los políticos los hay de escaño y olla, por así decir. Son los que han elegido lo público por ineptitud para lo privado, han crecido en el invernadero de sus partidos, sin conocer otra profesión, por su incapacidad para arraigar donde se exigen aptitudes de las que carecen y por ello ejercen sus cargos con el zafio descreimiento de los antiguos sacristanes, dedicándose al bien público con la misma insincera frialdad con la que los malos sacerdotes se dedican al bien de las almas. En este caso profesionalidad alude a una rutinaria falta de convicciones que hace imposible hasta el correcto desempeño de las tareas.

La clase política que padecemos es, mayoritariamente, profesional sólo en este sentido restrictivo, estrecho y mezquino de la palabra. El último ejemplo lo ha dado el PP. Mientras en Sevilla se rasgan las vestiduras porque se suspende el acto de la Hispanidad en la Catedral ante el temor, al parecer infundado, de que los humanoides de extrema derecha y extrema izquierda lo aprovechen para hacer animaladas, en La Coruña un micrófono indiscreto delata a Rajoy diciéndole a Javier Arenas: "Mañana tengo el coñazo del desfile... en fin, un plan apasionante". En esto queda, por lo visto, la pasión hispánica del líder de la derecha. No se lo creen ni ellos. Dado que tampoco los socialistas andan muy firmes en sus convicciones -¡qué poco aseada fue la intervención de Leire Pajín comentando el desliz de Rajoy!- no es fácil encontrar en estos tiempos esa convicción que hace del político un buen profesional.

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