la ciudad y los días

Carlos Colón

En conciencia

PUEDE un médico acogerse a la objeción de conciencia frente al aborto? Mi respuesta es sí. Aunque la ley le obligara a ello, cosa que no está nada clara visto el fallo del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía a favor de un médico de familia de Antequera, desestimando las tesis del Servicio Andaluz de Salud, un médico puede negarse en conciencia a practicar un aborto. Como un soldado podría negarse a disparar en un fusilamiento o un juez a aplicar la pena de muerte, aunque en el Estado en el que vivan el fusilamiento y la pena de muerte sean legales y su ejercicio profesional les obligue a ello.

Entenderían que la vida humana es siempre un bien superior a cualquier ordenamiento legal que permita extinguirla.

Si el médico está convencido de que el aborto es un asesinato (matar a alguien con premeditación) o un homicidio (muerte causada a una persona por otra) su conciencia está por encima de ley, sin lugar a dudas. Y su postura, lejos de ser retrógrada, irracional o anticientífica, demostraría sensibilidad hacia los últimos avances de la Ciencia. Porque la consideración jurídica del feto se está quedando anticuada frente a los avances de la Genética y la medicina neonatal.

La Ciencia está aportando datos difícilmente discutibles contra el aborto libre, es decir, el no justificado por causa grave de salud.

Desde la cada vez mayor viabilidad extrauterina del feto hasta el carácter único del programa genético y vital de cada individuo, lo anticuado hoy, lo anticientífico y lo retrógrado es seguir considerando el embrión o el feto una parte del cuerpo de la madre que careciera de su propia personalidad genética.

Hay por lo tanto razones científica y éticamente relevantes para oponerse al aborto libre y para que horrorice su celebración como la conquista de un derecho de la mujer. Fuera de los tres casos despenalizados en la legislación anterior, que tenía el inconveniente del coladero psicológico, me cuento entre quienes piensan que el aborto sin justificación terapéutica grave es un asesinato o un homicidio. Que además ignora la voluntad del padre, vulnerando su derecho a que su hijo nazca.

No porque lo diga la Iglesia o lo vaya corroborando la Ciencia, sino porque me lo dicen mi libre conciencia y mi sentimiento. No sólo los ateos se oponen a la pena de muerte y no sólo los creyentes se oponen al aborto. Aunque una y otro sean legales en muchos países desarrollados, democráticos y modernos. Nada ni nadie puede obligar a matar a un feto si cree que al hacerlo se está matando un ser humano en el momento en que está más indefenso y es más pura voluntad, posibilidad y futuro de vida.

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