Cuchillo sin filo

Francisco Correal

Soy duda para el domingo

LLEGA el gran momento de los indecisos. En estos tiempos de verdades rotundas, casi reveladas, es muy gratificante que alguien utilice el latiguillo balompédico: yo soy duda para el domingo. El que no sabe, por lo general, sí contesta, porque ya dijo Machado que la ignorancia es muy atrevida. Será domingo de pregones en toda España y los políticos dejan hoy de pregonar. Burgos da el pregón de la Semana Santa de Sevilla. ¿Quién dará el pregón de la Semana Santa de Burgos? Las encuestas introducen un fatalismo en el electorado, que olvida el axioma de Montesquieu: un hombre, un voto. Un hombre solo, una mujer, así tomados de uno en uno, son mucho más que polvo en el camino, mucho más que la nada lírica del poema de José Agustín Goytisolo. La democracia es la consagración científica del valor de cada voto.

Ya se han dicho todo lo que se tenían que decir. ¿Han dejado algo para cuando les toque gobernar? Se juega en domingo, como es de rigor electoral, y quizás por ello los dos últimos debates televisados fueron moderados por dos reporteras procedentes de la información deportiva: Olga Viza y Esther Martín. Las elecciones municipales del 27 de mayo coincidieron con el cumpleaños de mi mujer, que no pude celebrar al tocarme la lotería de presidente de mesa. Compartí la liturgia del sufragio con Fernando, un librero que me llevó en su coche al juzgado para entregar los resultados del escrutinio, tras lo cual dimos cuenta de una tapa de ensaladilla rusa que nos supo a gloria. Digo lo de las municipales porque no he oído entre la legión de analistas valorar la relevancia que siempre suelen tener los comicios locales en los vuelcos electorales de ámbito nacional.

El triunfo de la izquierda (de la suma de las izquierdas, porque quien ganó fue la UCD) en las municipales del 79 fue el preludio del asalto socialista a la Moncloa en 1982. El éxito del Partido Popular en las municipales de 1995 fue la premonición del fin del felipismo en los comicios del 96. Felipe ha vuelto más como estandarte que como valor sólido del partido que lideró. Es Dios y Zapatero su profeta. Diego Valderas cuenta que se hizo de izquierdas leyendo El idiota. Hay culturetas que lo lograron haciendo el imbécil, porque ya se sabe que las palabras, cuando se dicen para que reboten en muchos sitios, hacen eco y se vuelven contra quien las emite.

Desde el miedo al comunismo de las primeras elecciones, con el que acabaron de un plumazo Fraga y Carrillo con su encuentro en el club Siglo XXI, hemos pasado al miedo a la derecha aireado por los muecines de la progresía. Tienen el mismo componente sectario e infantiloide. Como si los herederos de Fraga y Carrillo se liaran a bastonazos en el Club Siglo XIX.

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