la esquina

José Aguilar

Lo que esconde la crisis

LA del PSOE es una crisis de decrecimiento, mengua y derrota. No busquen en vano motivos ideológicos ni distintas concepciones del socialismo, porque casi todos los protagonistas de la división que ha estallado estos días han sido una cosa y la contraria, han mantenido una postura y la opuesta, han sido sucesivamente firmes aliados y enemigos irreconciliables.

Es más sencillo: las tremendas derrotas electorales sufridas le han incoado al Partido Socialista un amplio Expediente de Regulación de Empleo (ERE) que afecta directamente a varios miles de personas e indirectamente a muchas más. Un ERE en el que no caben trampas ni intrusos y en el que ningún director general puede echar una mano a las criaturas del entorno político y familiar: todos los directores generales, más los que están arriba y abajo de los mismos, integran la nómina de víctimas del propio ERE.

Probablemente entre ayer y hoy reparen en buena medida el estropicio de las listas electorales y disimulen el desaguisado de la agrupación de Sevilla. La consigna que ordena salvar al soldado Griñán, extraviado en el desembarco del 25-M, parece imponerse. Lo que no se puede reparar ni disimular son las razones del cisma. Las ha expresado abiertamente el dimisionario secretario general del PSOE sevillano, José Antonio Viera, cuando ha dicho que las injerencias en la elaboración de la candidatura de la circunscripción bajo su mando se explican por "las circunstancias económicas de algunos y algunas (la corrección política nunca falta)" y ha afirmado comprender a "los compañeros que se ven obligados a defender su puesto de trabajo, anteponiendo su situación económica o familiar a los intereses del PSOE". Claro que él mismo debe aplicarse el cuento: dimite ahora, cuando más falta hace la unidad, para colocarse mejor en la batalla por el poder orgánico que vendrá si la debacle presentida del 25-M se confirma.

En realidad todos están pensando ya en el 26-M, el día después, dando por hecho que tendrán que desalojar el Palacio de San Telmo -y otros tantos lugares emblemáticos- y que habrá que celebrar los congresos de la reconstrucción del partido, y a ver entonces con cuántos diputados cuenta cada bando... y cuántos cambiarán de bando en ese preciso momento. Ya hemos visto la facilidad con que muchos saltan de la lealtad a la traición y de la enemistad a la adhesión inquebrantable. Veremos más. Si la capacidad de los seres humanos para adecuar sus ideas a su situación y adaptar lo que piensan a lo que son en cada momento de su compleja relación con el poder no resulta asombrosa es porque ya hemos vaciado por completo nuestras reservas de asombro.

El PSOE está sufriendo su peor ERE desde 1977.

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