Hoja de ruta

Ignacio Martínez

La eterna juventud

CUÍDESE. Vivirá más tiempo y mejor. Parece una afirmación de Perogrullo, pero es la conclusión de una larga investigación de científicos de la Universidad de California sobre los telómeros, que son unos fragmentos de material genético que se encuentran en los extremos de los cromosomas. Estas estructuras microscópicas se degradan a medida que el cuerpo envejece. Pero hay tres cosas que las protegen: la práctica habitual de una actividad física, una dieta equilibrada rica en vegetales y baja en azúcar o grasa, y desarrollar técnicas de control del estrés, como yoga, meditación o ejercicios de respiración.

Esto lo definen los investigadores como vida saludable. Corren malos tiempos para proteger el patrimonio o el puesto de trabajo. Pero resulta que existe la manera de cuidarse los telómeros. Es más rentable y, además, es barato. Alargar la vida en buena salud está al alcance del común de los mortales y mejora el estado de ánimo. Eso sí, hay que controlar la ansiedad, hacer ejercicio físico y llevar una dieta que evite dulces y grasas. No es tan difícil.

Leo en La Vanguardia que midiendo la longitud de los telómeros se podría estimar la edad biológica de una persona y es posible que alguna empresa desarrolle un test en el futuro para averiguarlo. Esto me parece peor. Uno de los alicientes de la vida es no saber cuándo se termina. Como uno de los atractivos del deporte es la incógnita sobre el resultado. No resulta emocionante ver un partido cuyo marcador final conocemos. Y este argumento es todavía más válido cuando la competición es la vida propia. Están también los test genéticos que acabarán estableciendo qué enfermedad mortal vamos a contraer y cuándo, lo que no me negarán que generará ansiedad y psicosis. Aunque también puede llevarnos a tomar medidas para retrasar la aparición de la enfermedad e incluso a evitarla.

Hay investigadores españoles que también se dedican a estas cosas. Este diario publicó la semana pasada una investigación del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas y un grupo de la Universidad de Valencia para aumentar la telomerasa, que es la enzima que regenera los telómeros y evita que se acorten demasiado. Han conseguido alargar la vida de un ratón un 40%, incrementando la telomerasa en roedores resistentes al cáncer. Este tratamiento no se puede trasladar a los seres humanos, pero si se descubre cómo hacerlo sería el equivalente a envejecer mucho más tarde y poder vivir hasta los 120 años. Ya ven, el mundo no sólo no se acaba y la vida sigue, sino que el futuro nos depara acontecimientos extraordinarios, como la eterna juventud. Ya me lo han leído otras veces: el que no se consuela es porque no quiere.

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