El periscopio

El euro dilata la pupila de Soros

GEORGE Soros es un especulador galáctico que, por alguna razón mágica, goza de predicamento como visionario de los problemas inminentes de las economías (en realidad, su especialidad es crear los problemas), como filántropo y hasta como hombre izquierdas. Judío de origen húngaro, cambió su apellido original, Schwartz, por el palíndromo Soros, un capicúa de letras que causa pavor a la Zona Euro en estos días, como si de una canina con capa y guadaña se tratara. Entre sus reconocidos méritos está el de haber conseguido tumbar a la libra en 1992. Como le sucede a una leona ante un cachorrito de impala despistado, a Soros se le dilata la pupila cuando ve una divisa o una empresa que tiene dificultades. En vez de ayudarla a superar el bache invirtiendo en ella -muy naïf esto, de acuerdo-, la ataca sin piedad para sacar partido de la pérdida vertiginosa de muchos. Esta semana ha apostado 8.000 millones de dólares contra el euro. Si además tiene de palmeros a periódicos de primerísima línea, como The Wall Street Journal esta semana, la caza de ventaja está servida. Cuando Zapatero, por boca de su Gran Blanco, al que Financial Times llamó paranoico, se quejaba hace unos días del ataque especulativo contra la economía española, tenía más razón que un santo. La crisis mundial no ha frenado a los hedge funds y otras plataformas que sólo crean valor para quienes especulan en la economía casino: de refundación del capitalismo, nada. Al contrario.

Igual que el gurú Soros, hay gente muy bien informada y muy rica que se dedica a una práctica llamada short-selling, que podría traducirse como venta corta. Básicamente, se trata de apostar a que algo va a ir a peor con fecha fija. Por ejemplo, el precio de unas acciones o una divisa. O sea, vendo caro y recompro barato, ganando. La clave del asunto está en que con la venta masiva de euros o cualquier otra mercancía financiera provoco una devaluación de la misma, porque los mercados son sensibles a estas cosillas. Huelo dificultades en el euro por la asimetría entre países orejas de burro (Grecia, ¿España?) y países empollones (Alemania, claro) que comparten la moneda... y me lanzo a la venta corta como un depredador, consiguiendo pingües plusvalías. Los puristas del librecambio financiero justifican la venta corta desde los hedge funds con el argumento de que "dan liquidez al sistema". Yo no acabo de entenderlo. Mientras intentamos alumbrar esa beatífica cualidad, el euro pierde valor frente al dólar a marchas forzadas. Ya no vamos a poder ir de compras a la Gran Manzana, donde vive Soros, con tanta alegría. Esperemos que, al menos, podamos ir de compras en nuestra propia manzana.

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