Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Tan felices

EL PP se ha liberado en apariencia de muchos dogmas en su congreso de Valencia. Se ha sacudido de encima el aznarismo, que era una tenaza que lo retenía sujeto a unas formas ariscas y anticuadas de ejercer la acción política. Se ha liberado del dogma ingrávido del esperancismo, que ha quedado reducido a un verso suelto, es decir, a la mitad de una aleluya; se ha sacudido el voto no menos paralizante de entrega y obediencia a los ideológos e iluminados mediáticos; se ha quitado de encima todo el aparato dogmático de los sectores católicos conservadores respecto, por ejemplo, al concepto de familia (ya no tendrá que apoyar las manifestaciones sabatinas de Rouco). Y se ha liberado, en fin, con la incorporación de Soraya Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, de un estilo machista y recalcitrante impropio de la sociedad del siglo XXI. En apariencia...

Venció el marianismo. Rajoy lo expresó muy bien ayer a modo de resumen: "Ahora estamos en otra situación en la que Aznar no está en política, en la que España ha ido cambiando, el PP también, y los problemas que tenemos encima de la mesa no son los que teníamos cuando nosotros gobernamos". Gráficamente, el congreso del PP ha sido una colosal e intensa competición de risas, sonrisas, carcajadas, rictus, hilaridades e histrionismos. ¡Con lo que estaba cayendo y no se vio un solo semblante serio! Si se repasan los reportajes gráficos y los videos del congreso se advierte un catálogo extraordinario de gestos risueños que abarcan todos los matices anímicos posibles, desde la sonrisa de conejo de Rajoy a la risotada mandibular y llena de colmillos de Aznar, pasando por la sonrisa serena de De Cospedal y la aviesa e inteligente de Aguirre. Más que nombres (sólo había una candidatura) los congresistas parecían llamados a elegir sonrisas.

Está por ver qué será de tal variedad de risas a partir de ahora, si cada uno sostendrá la suya o Rajoy logrará unificarlas. Un ejemplo lo tiene Rajoy en Zapatero. El presidente del Gobierno anunció ayer el plan de austeridad, que incluye una bajada en las previsiones de crecimiento, con su clásica simpatía. Una simpatía a prueba de bombas. Si es verdad que los socialistas se han escorado ligeramente a la derecha y el PP lo ha hecho a la izquierda, con el tiempo quiza confluyan en una misma sonrisa de templanza. Eso sí, la única risa carcabelera y auténtica que se ha oído este fin de semana ha sido la de Emilio Botín al anunciar que su banco, el Santander, va a ganar 10.000 millones este año. Botín ha reído sin pudor y ha hecho un chiste: "La crisis es como la fiebre de los niños, empieza fuerte y luego baja".

Todos felices.

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