Opinión

Santiago / Herrero

Un gran andaluz, un gran presidente

CONMOCIONADO aún por la noticia de la trágica muerte de Rafael Álvarez Colunga, presidente de honor de la Confederación de Empresarios de Andalucía, sólo puedo expresar un sentimiento de profunda tristeza y dolor ante la desaparición de un andaluz extraordinario, de un gran empresario y representante empresarial y de un amigo cabal y entrañable.

La figura de Rafael estará para siempre indeleblemente unida a la CEA, pues no en vano fue su presidente durante seis años, y entre todos los empresarios andaluces permanecerá la huella de su fuerte compromiso empresarial, la defensa de los intereses del colectivo y su trabajo constante por el prestigio del empresariado.

Hoy, cuando la Confederación de Empresarios de Andalucía está de luto por su fallecimiento en tan trágicas circunstancias, quiero dejar constancia de que Rafael Álvarez Colunga ha sido un andaluz grande, inquieto, vitalista, promotor de iniciativas sociales y artísticas, un reconocido mecenas cultural, y un hombre polifacético, en fin, desde su profundo amor a esta tierra y su preocupación constante por la vertebración de Andalucía. Así lo reconoció el Gobierno andaluz con la concesión de la Medalla de Andalucía, que él lució con su máximo orgullo.

Rafael fue un empresario ejemplar. Nació en el seno de una empresa familiar, que no fue para él más que un acicate para adentrarse de lleno en el mundo de la empresa y participar en numerosas iniciativas de muy diversos sectores económicos. El hecho de que participara en una treintena de consejos de administración da una idea de cómo la empresa había arraigado en su persona.

Rafael fue presidente de la Confederación de Empresarios de Andalucía durante seis años, y a esta casa se entregó en cuerpo y alma durante su mandato. El reconocimiento social del empresario fue su gran tarea, y a fe que consiguió sobradamente su objetivo. Su esfuerzo lo dedicó a cambiar la mentalidad de la sociedad respecto a los creadores de riqueza y empleo, y el alto prestigio del que hoy goza el empresario andaluz se debe en gran parte a ese compromiso de Rafael.

Fue, además, un continuador del diálogo social y del consenso con el gobierno y los sindicatos, desde el convencimiento de que la concertación era el más adecuado instrumento para contribuir al desarrollo económico y social de nuestra tierra.

Fue, sobre todo, un ejemplo, un referente por su compromiso personal e institucional y un símbolo para todos los empresarios de Andalucía.

Y Rafael también fue un hombre generoso, -un coleccionista de amigos, como le gustaba llamarse-, alegre, optimista, jovial, que había superado con una sonrisa difíciles avatares de salud, y había afrontado otra nueva etapa de su vida con la misma entrega de siempre.

No será fácil acostumbrarnos a la ausencia de Rafael Alvarez Colunga. Ha muerto en el mar, uno de sus lugares preferidos, y solo. Pero su recuerdo estará siempre acompañado por miles de amigos, empresarios o no, que le guardarán respeto y afecto a una de las personalidades más sobresalientes de la Andalucía de los últimos años.

La Confederación de Empresarios de Andalucía no olvidará nunca a quien fue su presidente; a quien era hasta su muerte presidente de honor, y a quien tanto debe.

Yo, que tuve la fortuna de ser su amigo, desde la tristeza y el hondo pesar que me producen su muerte, quiero brindar un sentido y sincero homenaje de reconocimiento a un gran andaluz, a un gran empresario y representante empresarial y a un amigo cabal y entrañable.

Descanse en paz.

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