la esquina

José Aguilar

Un grupo para Amaiur

EL partido de Rosa Díez, Unión Progreso y Democracia (UPyD), ha pedido apoyo al PP para poder tener grupo parlamentario propio en el Congreso de los Diputados, y el PP se declara dispuesto a dárselo. El partido de los batasunos y compañeros de viaje, que ahora se llama Amaiur, también quiere grupo, y el PP lo rechaza.

El problema es que ambos se encuentran en la misma circunstancia: ninguno de los dos cumple, por poco, todos los requisitos reglamentarios. No llegan a los 15 diputados en toda España. UPyD consiguió cinco y Amaiur siete. La otra vía para formar grupo es, además del mínimo de cinco escaños que ambos satisfacen, el 15% de los votos en las circunscripciones por las que se hayan presentado o el 5% de votos en todo el territorio nacional. Le faltan unas décimas a los dos.

Una interpretación flexible del reglamento del Congreso ha permitido en el pasado la constitución de grupos parlamentarios por partidos que no alcanzaban del todo las condiciones exigidas, aunque se aproximaban. Casos ha habido en que un grupo de los mayoritarios ha prestado algunos de sus escaños a una minoría en el momento de constitución de la Cámara a fin de que pudiera superar la barrera, reintegrándose a continuación a su disciplina normal. Es importante contar con grupo propio porque de ese modo la fuerza política en cuestión goza de más medios para el ejercicio de su labor, disfruta de más capacidad de iniciativas y no se ve arrojada al pozo del grupo mixto, en el que, si te descuidas, te dejan hablar tres minutos en según qué plenos.

Por lo que ha dicho González Pons, el PP, con mayoría en la Mesa del Congreso, que es la que decidirá, piensa dejar que UPyD forme su grupo parlamentario e impedir que lo haga Amaiur. La razón esgrimida es que los dos partidos son desiguales, supongo que porque el primero es inequívocamente democrático y el segundo todavía no ha condenado a ETA, aunque se haya separado de ella por motivos tácticos. Me parece un error esta discriminación. Da la impresión de que González Pons pretende arbitrar un partido que ya se ha jugado. Se jugó cuando Amaiur presentó sus candidaturas a las elecciones del 20-N y no se impugnaron por quien podía hacerlo ni se rechazaron por quien estaba legitimado para prohibirlas por su continuidad con Batasuna (el brazo político de ETA). Una vez pudo legalmente ser votado y lo fue de hecho por cierto número de ciudadanos vascos y navarros, sus diputados deben ser tratados como los demás, y si hay flexibilidad reglamentaria para UPyD, ha de haberla para Amaiur.

Se pueden imaginar cuál es mi opinión sobre Amaiur (pésima), pero aún hay otro argumento de orden práctico: lo que más les gustaría a los peores de ellos es que el Estado democrático los discriminase.

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