Hoja de ruta

Ignacio Martínez

Los guiñoles

HE disfrutado mucho con las marionetas de Canal+ Francia en los 90. A las ocho de la tarde intentaba no perderme la emisión de los muñecos de látex en Les Guignols de l'Info. Unos ocho minutos de buen humor ácido, con inteligencia y elegancia. Eran herederos de unas marionetas de animales que hicieron furor en Francia: el Bébête show en donde Mitterrand era una rana que se creía dios y decía que el Papa era un empleado suyo, Chirac era un buitre y el joven Sarkozy, un osito pardo.

Gustaban tanto esos muñecos que estuvieron invitados en el Elíseo un par de veces y en una ocasión, cuando Chirac era alcalde de París, su álter ego Black Jack salió de la tarta de cumpleaños en una celebración. Pero aquellos bichos de los 80 y 90 tenían clase. Lamento no verle la gracia a que Casillas, Nadal y Gasol aparezcan en un vídeo bromeando sobre sangre, jeringuillas y sustancias dopantes. Que hagan leña del árbol caído de Contador no es simpático, pero tienen la excusa de la condena por sospecha de doping. El resto no deja de ser un insulto sin sal gorda ni fina. Sin salero alguno. Hay que trabajar más y tener más ingenio; tanto como los poetas del carnaval de Cádiz, sin ir más lejos.

Se preguntarán por qué los guiñoles tratan así a los deportistas españoles. Porque hay un estado de opinión en Francia creado por medios teóricamente solventes, como Le Monde, que en diciembre de 2006 acusó a Barcelona, Real Madrid, Valencia y Betis de tener relación con el doctor Eufemiano Fuentes y la Operación Puerto. El Barcelona se querelló contra el diario, que fue condenado por publicar una información calumniosa e injuriosa.

Pero Le Monde volvió a la carga. Hace tres meses el tenista francés Yannick Noah, que ganó Roland Garros en 1983, y dos veces la Copa Davis como capitán francés, acusó a los deportistas españoles de doparse en un artículo en el periódico. "¿Cómo puede un país dominar tanto el deporte de la noche a la mañana?", se preguntaba. Y tenía la respuesta para el caso español. "Hoy en día, el deporte es un poco como Astérix en los Juegos Olímpicos. Si no tienes la pócima mágica es difícil poder ganar. Y aquí parece, como Obélix, que ellos fueran los afortunados que cayeron en la olla".

Desde luego, ni los métodos tramposos del doctor Fuentes ni las sospechas sobre Contador ayudan. Y es posible que España no tenga el suficiente rigor en las sanciones, a pesar de los 11.000 controles antidoping anuales que hace a sus deportistas. Pero hay un evidente complejo de superioridad francés en todo esto. A Noah no le cabe en la cabeza que los españolitos le ganen a su país. Y mucho menos a su familia. En la final del Eurobásket de Lituania del año pasado España derrotó a una Francia en la que el hijo de Noah era una de las figuras. Falta elegancia y humor fino.

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