Desde mi córner

Luis Carlos Peris

Sobre heridas y hemorragias

Con todo el foco en un equipo hecho para Champions y que se ha hundido, Sevilla y Betis sangran a su manera

VILLARREAL en Champions y el Zaragoza en Segunda, ¿qué pasará por la cabeza de Ayala, el hombre que cambió de parecer por el maldito parné? Qué perspicacia la del veterano central argentino cuando cambió El Madrigal por La Romareda apeándose del caballo castellonense en medio del río... Puede circunscribirse en la forma de ser dirigidos los divergentes trayectos realizados por dos equipos que en un principio estaban hechos para luchar por eso que ha logrado el club de Fernando Roig, no por el batacazo que ha protagonizado el club que es, dicen, el de todos los aragoneses, políticos incluidos.

La gran noticia de esta Liga no ha sido que el Madrid campeone una vez más, ni siquiera los bandazos de un Barcelona que tan acostumbrada tiene a su gente a los devaneos incomprensibles, no. La noticia más espectacular de esta Liga es que un equipo que cuenta con Diego Milito y Ricardo Oliveira en el ataque haya de jugar el próximo curso en Ipurúa. Y eso por no recordar al susodicho augur que es Fabián Ayala o a Pablo Aimar, o a Matuzalem, grandes estrellas que han redondeado una campaña catastrófica. Ni siquiera lo del Racing o la segunda vuelta del Deportivo, el gran foco de la temporada recae en un teórico equipazo hundido en los avernos.

Remató el Sevilla la campaña con el brillo de sus goles, que sólo los dos colosos marcaron más goles que él, en diez minutos infernales con los que laminó a los otrora leones. Como herida a cauterizar, el divorcio que se dio en la grada entre los que creen en Jiménez y los que no. Es herida a cerrar por vía de urgencia porque de ulcerarse puede tener nefastas consecuencias para el Sevilla. Y el Betis, un más de lo mismo. Por lo menos no cristalizó la catástrofe que se veía venir con el tempranero gol de Manu del Moral. Y si en el Sevilla hay una herida respecto al técnico, en el Betis persiste una hemorragia caudalosa que no tiene remedio inmediato y eso es malísimo.

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