Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

El hombre sin cabeza

EN casa teníamos la costumbre de ver los informativos con los niños mientras se calentaba a mediodía la comida. ¡Sólo los telediarios! Después de conocer la posición de las borrascas, y antes de que sonara la sintonía de la telebasura, apagábamos el aparato. Lo hacíamos con tal rapidez que, a lo sumo, entreveíamos la silueta del tomate. Ya no vemos los informativos. Dejamos de hacerlo por varias razones, primero para concentrar la atención familiar en los platos, pero sobre todo para no tener que responder a preguntas inquietantes como, por ejemplo, ¿dónde está la cabeza del señor que está tumbado en la camilla? o ¿por qué se le ha caído el brazo a ese niño?

En casa solíamos referirnos a todos los individuos que salen en los informativos como "señores", al margen de que nos resultaran o no familiares. Los llamábamos así por precaución, porque nos inspiraban sentimientos muy intensos y desbordados -como la piedad, el odio o el asco- y porque eran imprevisibles. No te podías fiar de sus apariencias. De pronto, a un señor serio y bien vestido, que a toda la familia nos parecía respetable, le abrían el cráneo de un tiro y un segundo después sus sesos le colgaban como serpentinas por las hombreras de la americana. Y enseguida, la pregunta sin respuesta:¿Se los volverán a meter en la cabeza para que el señor pueda seguir pensando?

Eso sí, ya estábamos precavidos y cuando aparecía uno de esos vídeos borrosos fruncíamos los labios y esperábamos lo peor. Por ejemplo, una chica en un tren iba leyendo tranquilamente en su asiento pero por el centro aparecía un señor con ropa deportiva y, antes de que pudiéramos cerrar los ojos, le golpeaba con el pie en la cara. Ese vídeo lo emitieron muchas veces, aunque todo el mundo lo había visto ya, e incluso luego vimos cómo el propio cameraman perseguía al agresor que se defendía a manotazos, como si espantara moscas invisibles.

A nosotros nos parece bien que el Gobierno haya convocado a los directivos de las televisones para que moderen los contenidos de los programas de telebasura, aunque no nos afecta, ya que no tenemos la costumbre de ver la televisión a otra hora, salvo los niños que por la tarde se entretienen con una canal donde sólo emiten dibujos animados.Sí que nos gustaría poder ver de nuevo los telediarios y enterarnos de las cosas que ocurren en el mundo, las buenas y las malas, sin que tener que preguntarnos por el paradero de la cabeza del señor tendido en la camilla. Y no es que seamos mogijatos, qué va, pero odiamos mezclar la sopa con raciones de vísceras calientes que además no hemos pedido.

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