La ventana

Luis Carlos Peris

La ilusión de vísperas como bálsamo

ESCRIBIÉNDOSE rampa y pronunciándose rampla, la colocación de la rampa del Salvador el pasado lunes fue uno más de los muchos indicios que dictaminan que ya no hay vuelta atrás. Es más, algún que otro amigo de los autoconsiderados rancios llevaba en su telefonino la imagen del primer paso de la rampa como especie de acta notarial que testificaba el punto en que estaban estas vísperas tan gozosas. Con todos los tubos de los palcos ya ensamblados y sin que en la agenda de actos quede algún resquicio libre, el tiempo camina inexorable hacia ese día en que la rampa se hace clave para que Jesús entre en esa Jerusalén efímera en que rompe nuestra ciudad durante siete días con sus noches. Vísperas de ilusión para los que creemos que nuestra Semana Santa es bastante más que la mayor ópera urbana del universo y bálsamo para paliar momentáneamente los efectos de esta crisis negra como la noche.

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